La Comisión de Justicia y Paz de la Arquidiócesis de Managua —de la Iglesia católica de Nicaragua—, ha enviado un mensaje de fe y esperanza a los creyentes y todas las “personas de buena voluntad”.
El mensaje fue emitido el martes 8 de junio, el mismo día que varios dirigentes de la oposición, entre ellos los precandidatos presidenciales Félix Maradiaga y Juan Sebastián Chamorro, fueron encarcelados bajo la acusación de cometer delitos terribles, como “traición a la patria” y terrorismo. De manera que ya son cuatro los precandidatos que están presos, pues Cristiana Chamorro Barrios y Arturo Cruz Sequeira fueron encarcelados antes y despojados de facto de sus derechos políticos constitucionales.
La población nicaragüense que adversa a la dictadura, ya sea dando su opinión en las encuestas o respaldando activamente a la oposición organizada, es mayoritariamente religiosa, católica sobre todo. Y en estos días de gran tribulación por el desborde represivo del régimen y la intimidatoria inseguridad pública, muchas personas están unidas en cadenas de oración por la libertad de los presos políticos, por el cese de la represión y el restablecimiento de la normalidad nacional en condiciones de libertad, democracia y respeto a los derechos humanos.
De manera que ha sido oportuno el mensaje de la Comisión de Justicia y Paz de la Arquidiócesis de Managua, aunque en estos momentos de gran angustia cuando la desesperanza se apodera de muchas personas, probablemente los fieles creyentes esperen un pronunciamiento de la máxima autoridad de la Iglesia católica, que es la Conferencia Episcopal de Nicaragua.
La Comisión eclesial arquidiocesana precisa en su declaración que la Iglesia “forma y capacita para la vida eterna sin obviar las realidades temporales”. Y en este orden su mensaje invoca los conceptos sustantivos que escribió el papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti: “Pienso en una sana política, capaz de reformar las instituciones, coordinarlas y dotarlas de mejores prácticas, que permitan superar presiones e inercias viciosas”.
Después de reivindicar los derechos y deberes políticos de los ciudadanos, entre estos los de “elegir y ser elegidos en cargos públicos de manera libre y justa”, la Comisión de Justicia y Paz manifiesta categóricamente: “Nadie tiene autoridad para privar arbitrariamente a persona alguna de sus derechos, incluyendo los de expresarse, movilizarse y actuar libremente. En nuestro país este tema es doloroso. Hemos vivido años de irrespeto a la libertad y la vida. Hemos sufrido mucho dolor…”
Se refiere, aunque sin mencionar sus nombres, a los nicaragüenses que han sido privados de su libertad y de sus derechos ciudadanos, incluyendo los más elementales como son el derecho a la defensa y al debido proceso, consagrados en la Constitución y en las declaraciones internacionales de derechos humanos y civiles.
Y al decir que “hemos sufrido mucho dolor”, la declaración se refiere también, sin lugar a ninguna duda, a la Iglesia católica que ha sido y sigue siendo atacada, perseguida, vilipendiada y amenazada por ponerse del lado del pueblo y haber propuesto una salida constitucional y democrática, de la crisis profunda e integral que sufre el país y angustia a los nicaragüenses.