La presidenta del partido Ciudadanos por la Libertad (CxL), Kitty Monterrey, declaró este lunes 7 de junio que a pesar de la cruda represión estatal no van a desistir de participar en las elecciones del 7 de noviembre próximo. Sus declaraciones fueron publicadas en la edición digital de LA PRENSA.
La personería jurídica de CxL es la que sustenta legalmente a la plataforma electoral opositora Alianza Ciudadana, la única opción que ha quedado, hasta ahora, a los ciudadanos que no son partidarios de la dictadura, ante el desborde represivo del régimen que tiene en la cárcel a tres precandidatos presidenciales y bajo amenaza de inhibición a casi todos los que siguen en pie.
La dictadura podría cancelar incluso la personería jurídica del partido CxL. Así Daniel Ortega y Rosario Murillo se quedarían con un proceso electoral de partido único de hecho, sin participación opositora, acompañados solo por los partidos que la gente llama “zancudos” porque chupan la sangre del pueblo al vivir del presupuesto del Estado.
La dirigente opositora Monterrey reconoció la probabilidad de que los demás precandidatos presidenciales de la Alianza sean inhibidos por el régimen, pero aseguró que si eso ocurriera los van a reponer. “Con el que quede nos vamos a enfrentar” a la dictadura en las elecciones de noviembre, aseguró la presidenta de CxL. Además reiteró la posición de su partido de que “la única solución en Nicaragua son las elecciones libres” y por tanto van a seguir luchando por ellas, porque “si hay un voto masivo en noviembre —dijo Monterrey— Ortega va a ser derrotado…” Y aseguró que “no importa lo que haga Ortega”, los opositores están “obligados a darle al pueblo de Nicaragua la única opción que queda” y la Alianza Ciudadana “va a continuar en esta línea”.
En realidad, si la vía que se ha escogido para enfrentar a la dictadura es la electoral (porque la lucha armada es tan indeseable como inviable), es correcto que la oposición auténtica insista en la demanda de que haya en Nicaragua elecciones democráticas y legítimas de conformidad con los estándares internacionales. Pero aunque no existan las condiciones preelectorales apropiadas y las elecciones de noviembre no sean libres y limpias, la oposición puede hacer de la participación electoral una formidable demostración de resistencia cívica y pacífica. Y para eso debe llamar y motivar a los ciudadanos a votar masivamente contra la dictadura. La alternativa es la abstención y esto significaría quedarse en casa tranquilamente, sin hacer nada.
El régimen puede obstaculizar el voto de los ciudadanos libres con todas sus trampas, acciones represivas, amenazas y campañas desmoralizadoras, pero no lo puede impedir. Si la Policía impide o restringe las manifestaciones opositoras durante la campaña electoral, se tiene que aprovechar al máximo las posibilidades de las modernas tecnologías de la comunicación y las redes sociales, que son las grandes plazas públicas de los ciudadanos en el siglo XXI.
Según el investigador Manuel Orozco, en abril de este año el 84 por ciento de los ciudadanos nicaragüenses dijo que quiere ir a votar. Si lo hiciera, la dictadura no podría, le sería imposible o por lo menos le resultaría muy difícil, ocultar una votación abrumadora de ciudadanos dignos y de conciencia libre que respalden a la oposición en las urnas y rechacen electoralmente al sistema dictatorial.