Y ADEMÁS
Mencioné en la columna sobre Estigia (28.05.21) que Homero cuenta en el Canto XIV de La Ilíada, que durante un combate de la Guerra de Troya, la diosa Hera, esposa de Zeus, le pide un favor a Morfeo, dios del sueño. Morfeo se lo hace a cambio de que ella le conceda el amor de Pasitea.
El favor que Hera pide a Morfeo es que duerma a Zeus después de hacer el amor con ella. Así, mientras Zeus esté dormido ella cambiará el curso de una batalla que los aqueos (griegos) estaban ganando a los troyanos. Es que en la Guerra de Troya los dioses dividieron su respaldo a los contendientes, de manera que Zeus apoyaba a los griegos y Hera a los troyanos.
Hera le cumplió a Morfeo quien así consiguió el amor de Pasitea. Pero el asunto no quedó allí. Cuando Zeus supo lo que había ocurrido se puso furioso con Morfeo y quiso echarlo del Olimpo. Solo por la intercesión de Nix (la Noche, madre del dios del sueño) Zeus no cumplió su amenaza.
Se dice que Morfeo era uno de los mil Oniros, las personificaciones de los sueños que según Hesíodo fueron autoconcebidos por Nix. Pero según Eurípides los Oniros eran hijos de Gea (la Tierra) y Ovidio dijo que su padre fue Hipnos, la personificación superior del sueño y que los tres principales Oniros eran Morfeo, Fobetor y Fantaso.
Morfeo advertía a los reyes sobre los acontecimientos futuros, de lo cual les daba cuenta mientras dormían. Pero su tarea diaria ordinaria era dormir a las personas mortales y aparecer en sus sueños tomando las formas de seres queridos y personas conocidas o desconocidas. En cambio Fobetor adquiría formas de animales en los sueños de la gente mientras que Fantaso lo hacía como cosas inanimadas y situaciones lógicas o absurdas.
También Homero escribió sobre los Oniros. Según él vivían en una oscura cueva del Érebo situada en lejanas playas del Océano. Érebo era la representación divina de la oscuridad que llena todos los agujeros y rincones del mundo.
Por medio de los Oniros los dioses enviaban mensajes a las personas mortales. En la caverna donde vivían había dos grandes puertas. Por una, hecha de cuerno, salían los sueños que llevaban los mensajes verdaderos, y por la otra puerta, la de marfil, salían y volaban en busca de las personas los sueños sobre cosas malas y asuntos falsos.
Sobre esto Homero habla en la Rapsodia XIX de La Odisea, en la que Penélope conversa con un mendigo sin saber que es su esposo, Odiseo, quien por fin ha vuelto a su hogar pero no puede todavía revelar su verdadera identidad.
En esa plática la sublime Penélope, representación de la fidelidad conyugal femenina, dice al supuesto mendigo que en realidad es su esposo Odiseo: “Hay sueños inescrutables y de lenguaje oscuro y no se cumple todo lo que anuncian a los hombres. Hay dos puertas para los leves sueños: una, construida de cuerno, y otra de marfil. Los que vienen por el bruñido marfil nos engañan, trayéndonos palabras sin efecto, y los que salen por el pulimentado cuerno anuncian al mortal que los ve, cosas que realmente han de verificarse”.
En cuanto a Pasitea, cuyo amor lo consiguió Morfeo por el favor que hizo a Hera, lamentablemente hay muy poca literatura o tal vez sea que yo no la tengo.
Lo que puedo decir de ella es que era la hija menor de Zeus con Eurínome, su tercera esposa. Por lo tanto era hermana de las Cárites: Aglaya (Belleza), Eufrosine (Júbilo) y Talía (Abundancia), que en la mitología romana eran conocidas como la Gracias. Por cierto que Sandro Boticceli incluyó a las tres Cárites o Gracias en su famosa pintura La Primavera que está en la Galería de los Oficios de Florencia.
Pasitea era la diosa del descanso y la relajación del espíritu. Presidía las alucinaciones y los alucinógenos que se conocen y consumen desde la más remota antigüedad. Estaba vinculada, pues, con la función de hacer dormir, de Morfeo, de cuyo nombre se derivó el de la morfina.