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LA PRENSA/WILMER LÓPEZ

Nicaragua: Los tres elementos que impiden el acceso a compras de vacunas Covid-19, según médicos

Si Nicaragua no tiene una mayor cantidad de dosis de vacunas no es necesariamente porque es un país pobre, afirman médicos independientes. Estas son las valoraciones de los especialistas

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Aunque Nicaragua se encuentra en un puesto intermedio en el avance de la vacunación contra el Covid-19, en Centroamérica, existe un rezago entre las proyecciones que el mismo régimen de Daniel Ortega dispuso. A dos meses de iniciar este proceso en el país, hasta el 1 de mayo 170,500 personas habrían sido vacunadas, según datos oficiales. Si bien se continúa inoculando en este mes, el avance de las jornadas no se ajusta a las expectativas creadas por las declaraciones que compartió en diciembre pasado el titular del Ministerio de Hacienda y Crédito Público, Iván Acosta, cuando dijo que el país se destacaría por la «rapidez» de la aplicación de las vacunas.

En ese momento, el titular señaló que el Ministerio de Salud (Minsa) contaba con la capacidad para ejecutar la vacunación y que desde julio y agosto de 2020 comenzaron a realizar las gestiones necesarias para poder comprar vacunas. «Nosotros estamos preparados», dijo Acosta esa vez.

Lo cierto es que los números revelados por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en su sitio web sobre las dosis aplicadas por cada país en la región de las Américas reflejan que Nicaragua es el tercer país de Centroamérica, por detrás de Honduras y Belice, con menor alcance de vacunación contra el Covid-19. A nivel de continente americano e incluso como región latinoamericana, el país está en la cola. ¿Por qué? Estas son las explicaciones médicas sobre este rezago del país en el proceso de inmunización:

Gestión de fondos

Cuatro meses después de las declaraciones de Acosta, el régimen de Ortega anunció que el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) prestó 100 millones de dólares para adquirir 6.86 millones de vacunas. Hasta ahora, el país solo ha obtenido vacunas por medio de donaciones que han realizado los gobiernos de Rusia y la India, además de las recibidas mediante el mecanismo Covax de la Organización Mundial de la Salud.

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Si bien Nicaragua —por ser un país pobre— está en desventaja en el mercado internacional para acceder masivamente a las vacunas, los especialistas en salud pública Carlos Hernández y Alejandro Lagos señalaron que el rezago que hay en el proceso de la vacunación no se debe meramente a un problema de fondos, sino de gestión gubernamental.

«No ha sido un problema de fondos. Si tuviéramos esas dosis aquí, estaríamos acelerando la vacunación (…) La clave (para acceder a las vacunas) es gestión a todos los niveles», enfatizó el doctor Hernández, miembro del Comité Científico Multidisciplinario.

Falta de disposición

El 20 de abril, la ministra de Salud, Martha Reyes, se refirió sin mayores detalles a que el Gobierno está en negociaciones con la Federación de Rusia para la compra de la vacuna Sputnik V y la vacuna Covaxina Bharat Biotech, fabricada en la India.

«Realmente no nos hemos detenido y el Gobierno está al frente del proceso de la búsqueda  por los diferentes medios, ya sea donación, sea compra, o gestión a través del mecanismo Covax, que ya teníamos establecido desde el año pasado y que estamos solo en espera de confirmación», dijo Reyes.

Desde el inicio de la pandemia, el régimen orteguista aseguraba que el sistema de salud nicaragüense estaba capacitado y preparado para hacer frente a la pandemia; sin embargo, la realidad del país contradice a ese discurso, puesto que Ortega ha manejado los datos de esta emergencia sanitaria bajo férreo secretismo.

El doctor Hernández reconoció que hay tres elementos que inciden para que el país tenga problemas de disposición a las vacunas: la desigualdad de acceso en el mercado mundial, la situación de aumento de casos de contagio y muerte en India —país donde se encuentra el laboratorio que fabrica el fármaco Covishield— y la falta de negociaciones. Sin embargo, destacó que el manejo de una epidemia conlleva a gestiones de «dimensiones múltiples» en las que implica el sector social, económico, cultural y, principalmente, político. Con ninguna de esas gestiones cumple Nicaragua.

«La dimensión política es una acción inherente a la gestión de la epidemiología, porque se requiere de decisiones y acciones principalmente proveniente de los Estados, quienes interpretan la realidad, toman decisiones, aportan recursos e intervienen en la gestión de diferentes maneras», explicó el salubrista.

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A criterio del doctor Lagos, si Nicaragua no tiene una mayor cantidad de dosis de vacunas no es necesariamente porque es un país pobre, sino debido a que el Gobierno no tiene la «voluntad» de acelerar la compra de los fármacos, porque hasta ahora las mismas autoridades han demostrado «pasividad», al no informar sobre los avances de dichas negociaciones con el Gobierno de Rusia.

«No necesariamente porque somos un país pobre no tenemos acceso a la vacuna, yo lo que creo es que el país no ha licitado a ninguna de las farmacéuticas, más que la Rusia que tiene un contacto directo (…) Todo lo que salga del Gobierno se le cree hasta que estén desembarcando el producto», expresó el doctor Lagos.

El precio del silencio

Para los especialistas en Salud Pública, la transparencia sobre el manejo de la pandemia es de suma importancia para la adquisición de las vacunas, partiendo primeramente porque la población se sentiría confiada en este proceso. Sin embargo, pese a que recientemente se informó que el país cuenta con 100 millones de dólares para comprar biológicos, no se especificó cómo serán empleados.

«Sabemos que el mercado es muy difícil, muy competitivo y para los países pobres es todavía más difícil acceder a las vacunas, el problema es que no dan información y todo el mundo se da lugar a especular. ¿Qué pasó? Llevamos cuatro meses desde que nos dijeron que iban adelantadas las negociaciones para la Sputnik, pero por qué no nos han informado (…) Mantener esa incertidumbre apunta a que la gente empiece a perder confianza en la gestión que se está haciendo. Si nos explicaran cuáles son las dificultades, todos vamos a entender, pero que nos digan que hicieron las cosas», expuso Hernández.

Honduras, el sistema de salud que más similitudes comparte con Nicaragua y que mantiene una cifra inferior de dosis aplicadas en comparación con esta nación, tiene acuerdos con Rusia para la compra de 4.2 millones de vacunas Sputnik V. El 16 de abril, ese país recibió la primera entrega de seis mil dosis. Nicaragua, junto a Belice, aún no ha anunciado la conclusión de un acuerdo.

«Con lo que llevamos en el programa de vacunación no vamos a impactar en la mortalidad, todavía estamos muy lejos, porque tendríamos que estar cubriendo al 80 por ciento del grupo priorizado», dijo el doctor Hernández.

Para el 1 de mayo, 170,500 nicaragüenses habían sido vacunados, de los cuales tres mil habrían  completado las dos dosis con la vacuna rusa. Según datos del régimen, Nicaragua tendría una reserva de 167,500 vacunas Covishield. Por ahora espera la entrega del segundo lote de las vacunas que donará el mecanismo Covax.

¿Qué se puede hacer para acelerar las compras?

De acuerdo con los salubristas, el país tiene tres opciones: la primera es utilizar el mecanismo Covax para facilitar y agilizar el proceso de compra de las vacunas. «Covax facilita la compra, junta las necesidades de varios países (porque) compra por volumen, con eso (Nicaragua) mejora su capacidad de negociación con los proveedores y también tiene mecanismo de acopio, transporte y distribución. Nicaragua puede con esos fondos decirle a Covax ‘cómpreme las vacunas’, tiene todos los mecanismos logísticos de entrega que facilitan las cosas», explicó Hernández.

Como segunda opción, puede hacer alianza con los países. «Los propios países del Sica pueden juntarse para tener más capacidad de negociación y lograr mejores condiciones y tiempo en un mercado que es difícil», señaló el doctor Hernández.

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Y como tercera alternativa, valorar las ofertas del mercado. En América Latina, Argentina ya comenzó a fabricar la vacuna Sputnik V. Cuba y México entrarían en esa producción. El doctor Hernández recomendó que en esta opción el Gobierno debe tomar en cuenta que sean vacunas eficaces, para evitar casos graves y de muertes; que sean seguras, que se compruebe que tienen mínimos efectos colaterales como cualquier vacuna; y por último, que sean adecuadas para la infraestructura de la cadena de frío que exista en el país.

«Este país está en capacidad de vacunar al 80 por ciento de su población rápidamente, en dos, tres, cuatro meses a lo sumo. La posibilidad, la experiencia y capacidad la tenemos; el sistema de salud tiene la capacidad, lo que no tenemos es la vacuna», concluyó el salubrista.

La meta de vacunación total en el país es de cinco millones de personas, de los cuales 3.7 millones de nicaragüenses serían con vacunas compradas por el régimen y 1.3 millones por parte de las donaciones del mecanismo Covax. El Minsa apunta a adquirir las vacunas Sputnik,  Moderna, Oxford-AstraZeneca y Covaxina.

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