La escurridiza unidad

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Polo a tierra

Las madres de los asesinados en la rebelión y los familiares de los presos políticos deberían ser el polo a tierra de los candidatos y líderes de partidos. Escuchar sus testimonios debería ser un ejercicio, sino diario, frecuente. ¿Qué es perder una personería jurídica a la par de un hijo muerto? Únanse, les piden llorando. Y no es que la unidad les vaya a revivir al hijo muerto, pero les puede traer la justicia que buscan y dar a otras madres, a todos nosotros incluso, a nuestros hijos, a los que vienen, la posibilidad de que nadie más muera o caiga preso en Nicaragua por pensar diferente a quienes gobiernan.

Unidad

La gente exige unidad para terminar con la dictadura que gobierna Nicaragua. Todos sabemos que es el mejor camino, y tal vez el único, para enfrentarla con éxito. Sería hasta estúpido que algún opositor defendiera la división como método para vencer a Daniel Ortega. Tan estúpido, como lo sería que Ortega propiciara la unidad opositora para derrotarla. Ortega lo tiene claro. Con unidad opositora pierde. La oposición lo tiene (aparentemente) claro. Con unidad gana. ¿Entonces?

Peros

Hay, sin embargo, un tono de falsedad en muchos discursos de unidad. De repente todos los opositores hablan de unidad. Pero nadie se une a nadie. Se habla de unidad porque es popular. Pero los hechos, las acciones, los desmienten. Los vemos caminar hacia atrás diciendo que van para adelante. Y para justificar esa dicotomía entre “el decir” y “el hacer”, ponen un montón de “peros” que ya nadie cree y solo evidencian que la verdadera tarea de algunos es la división. Dime cuántos peros le pones a la unidad y te diré para quién trabajas.

Tiempos

Con el cuento de que todavía hay tiempo, los grupos opositores van dándole largas a la grita popular de unidad. No, señores, no hay más tiempo. Los tiempos se están venciendo. El proyecto de reformas electorales de Ortega, por ejemplo, debió enfrentar a un bloque opositor activo y unido. Un gesto que le demostrara, desde ahora, que el fraude no le será fácil. Que la piense dos veces antes de avasallar como lo ha hecho. Así como vamos, llegaremos a noviembre, cuando solo quede decir: Se los dijimos.

Opositores

Aunque parezca una verdad de Perogrullo, debo decirlo: la unidad de la oposición debe ser entre los opositores. No es entre los iguales. No es entre los de mi partido. No es entre los que quieran unirse alrededor mío. No es entre puros. No es entre santos. No es entre los que firmen aquí y renuncien a su identidad. Es entre opositores. Punto. Y opositor en Nicaragua es quien se opone a que siga gobernando la dictadura de Daniel Ortega. Si se respetara este único criterio, ya hace mucho tiempo estaríamos, al menos, con una correlación de fuerzas diferente y revividas las esperanzas de un cambio.

Responsabilidades

La unidad, sin embargo, no es solo un asunto de los candidatos y dirigentes de partidos políticos, aunque ellos tienen una gran cuota de responsabilidad y cuentas que rendir. La unidad es responsabilidad de todos. Habrá unidad cuando el requisito para ser opositor sea “contribuya en lo que pueda y vamos adelante” y dejemos de querer establecernos como la medida de la verdadera y única oposición aceptable. O, peor aún, cuando dejemos de exigir acciones y calidades que ni siquiera nosotros cumplimos. Es más, que nadie cumple.

Futuro

Más que para las elecciones, a mí personalmente me preocupa que no haya unidad opositora si no las hay libres y transparentes, que es lo más probable que pase. ¿Qué sucederá cuando Ortega se asigne otro 80 por ciento de los votos y reparta unas cuantas curules entre el par de zancudos que acepten ir a elecciones amañadas? ¿Veremos a los candidatos firmar un comunicado y sanseacabó? ¿Qué podrá hacer la comunidad internacional ante otro fraude donde los opositores ni siquiera se pueden poner de acuerdo en el tamaño del robo que hubo, y unos dirán que no fue tanto y agarrarán algunos puestos, y otros alegarán que se prepararán para las elecciones del 2026? Los tiempos ya están vencidos. La  unidad que no han mostrado ahora tendrá sus consecuencias en el futuro. Y esas consecuencias duelen. Si no que se los digan las madres de los asesinados.

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