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Columna para después de noviembre: ¡Se los dijimos!

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Noviembre

Esta es una columna que no quiero escribir. Hoy es jueves 11 de noviembre y sabemos que Ortega seguirá en el poder. Ha comenzado la echadera de culpas, los reclamos de fraude, las promesas de dar la lucha desde adentro del monstruo, desde los curules del parlamento, y en las calles sigue el patrullaje represor, en las cárceles siguen los presos políticos, afuera los miles de exiliados, y en todo el país se sufren los abusos de una dictadura que invita a la oposición a prepararse para el 2026. Escribo ahora la columna de noviembre porque de muy poca utilidad será escribirla en su momento. Ya no podremos volver el tiempo atrás. Lo digo ahora porque de nada sirve después decir: “¡Se los dijimos!”

Partidos políticos

¿Qué les dijimos? Que esta no era una campaña electoral más. No se trataba de defender casillas, personerías y buscar curules o pelear por ser segunda fuerza de nada. Que los partidos políticos tal como existen son parte de un mismo sistema fraudulento y que al pretender tomar protagonismo por las ventajas que el sistema les da, solo sirve para repetir más de lo mismo, pues el sistema lo controla Daniel Ortega y está hecho para perpetuarlo en el poder.

Prueba

La prueba está en que habrá quienes podrán sentirse orgullosos de cómo reposicionaron a su partido. Presumirán de ser la segunda fuerza, que tienen tantos diputados. Los arquitectos que diseñaron la estrategia sentirán que ganaron al levantar de la nada a un partido político, pero, tal como se los dijimos, la ganancia de un partido político, en las circunstancias que estamos, es un castigo para toda Nicaragua. Con su victoria solo demostraron ser parte de “ese” problema y no la solución de nada. Que al hacer las cosas como las hicieron nos negaron la posibilidad de salir de esta forma de la dictadura.

Oportunidad perdida

Les advertimos que esta era una oportunidad histórica para poder escoger entre libertad y dictadura; entre dictadura y democracia. Que por favor no la echaran a perder en la búsqueda de ganancias personales.  Las elecciones de este noviembre no eran para elegir presidente o diputados, sino que eran la oportunidad de bajarle los pantalones al régimen para dejarlo con sus vergüenzas al aire. Obligarlo a descararse de la mayor forma posible en una prueba que no puede superar. Era ponerlo entre la espada y la pared: si hacía elecciones con algunas garantías perdía el poder y si se las robaba, como siempre, dejaba de ser gobierno legítimo ante los ojos del mundo. Era un perder-perder para el régimen. Ustedes fueron el salvavidas.

Unidad

El arma para derrotar a Ortega, con o sin elecciones, se los dijimos una y mil veces, era la unidad. ¡Todos los sabíamos! Hasta Daniel Ortega lo sabía. No vengan ahora a hacerse los sorprendidos quienes echaron a perder la unidad con sus egos, intereses personales y mala sangre. La unidad, se repitió tanto, no se construye entre iguales, sino entre distintos que se unen para un propósito común. Es absurdo, y denota más bien mala intención, pretender que la unidad se forjara esperando que los otros se unieran a mí, bajo mis condiciones e intereses. Pecaron sobre advertidos. Quienes sabotearon la unidad son cómplices de la dictadura. Traidores del mandato que dio toda Nicaragua en abril de 2018.

Votos

Centenares de miles de votos y voces solo estaban esperando verlos unidos para ir en cascada. Se los dijimos. A diferencia de ustedes, a nosotros no nos importaba que el candidato único, si lo había, nos cayera mal o bien, que fuera gordo o flaco, blanco o negro, hombre o mujer, de tal o cual corriente política. Solo pedíamos unidad. ¿Eso era mucho? Y les dijimos también que si iban desunidos o solo quedaban los del gusto de Ortega, se desanimaría el voto opositor, habría abstención y esa sería la gran ganancia de Ortega.

Elecciones

Ni siquiera pedíamos que llegaran a votaciones. Al contrario, les exigíamos que si no había condiciones, si no había libertad de expresión y movilización y si no se liberaba a los presos políticos había que abandonar el juego electoral bajo protesta en el último momento y dejar a Ortega jugando solo. El asunto era ir unidos a elecciones libres o unidos dejar de ir si no había condiciones. Ustedes no oyeron y ahí está el resultado.

Se los dijimos

¿Ahora qué? ¿Cuál es el plan? Van a denunciar el fraude, empezar a hablar otra vez de adelantar elecciones y así, haciendo como que se oponen, llegar al 2026 para empezar otra vez el pleito para definir quién es el perro macho del barrio, mientras Ortega o quien le haya sucedido, vuelve a hacer de las suyas. Ni siquiera se aprenden las lecciones. Que por falta de unidad opositora Ortega se haya impuesto en el 2021 no servirá para que haya unidad en el 2026, así como este año no sirvió de lección la división que hubo en el 2006. Tal como se hicieron las cosas, todo terminó como tenía que terminar: Ortega y Murillo mandando, ustedes en sus curules. Ganó Ortega. Ganaron ustedes. Siguen los presos, la represión y los abusos. Se los dijimos.

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