Cómo fomentar la donación de órganos de personas fallecidas

Cada año, miles de personas en los países en desarrollo mueren esperando un trasplante de órganos que nunca llega, no porque la cirugía sea demasiado cara o compleja, sino por la escasez de donantes.

En 2023, solo 17 personas en Túnez donaron sus órganos tras su fallecimiento, aunque salvaron más vidas (un donante de órganos puede salvar hasta ocho personas). Túnez no es un caso aislado: en gran parte de Oriente Medio y África, las tasas de donación de órganos post mortem siguen siendo extremadamente bajas. Esto podría atribuirse a diversos factores, como la falta de información, las dudas religiosas y la desconfianza hacia las instituciones públicas.

Nuestra investigación sugiere que, si bien estos desafíos son reales, no son insuperables. En colaboración con el Centro Nacional para la Promoción del Trasplante de Órganos de Túnez, realizamos un ensayo controlado aleatorio en el que participaron más de 1,200 estudiantes universitarios en Túnez en 2025. La mitad de ellos asistió a un taller de sensibilización de 30 minutos dirigido por dos expertos médicos del CNPTO, que comenzó con un breve vídeo del testimonio de una paciente rural tunecina sobre cómo un trasplante de corazón le salvó la vida.

Los expertos explicaron a continuación cómo funciona el sistema de trasplante de órganos desde una perspectiva legal, médica y religiosa. Esta última es especialmente importante, ya que muchas personas en el mundo musulmán desconocen que destacados eruditos islámicos han respaldado la donación de órganos durante décadas.

Los resultados fueron sorprendentes. Los estudiantes tuvieron la oportunidad de añadir la palabra “donante” a sus documentos nacionales de identidad —una decisión legalmente vinculante— en una feria de registro en el campus que organizamos en colaboración con la CNPTO y la Policía Técnica y Científica de Túnez. Los estudiantes que asistieron al taller tuvieron más del doble de probabilidades de registrarse como donantes de órganos que quienes no lo hicieron.

Este cambio de comportamiento —sorprendente por la (a menudo amplia) brecha entre las intenciones declaradas y las acciones— tiene importantes implicaciones para las políticas de salud. Financiar a un pequeño equipo de médicos para que visiten las aulas durante un año académico costaría menos que mantener a un paciente en diálisis renal durante dos años. Y, dado que un trasplante exitoso puede mejorar drásticamente tanto la supervivencia como la calidad de vida, a la vez que reduce los costos de atención médica a largo plazo, este intercambio de información resulta aún más rentable.

Es probable que la intervención haya funcionado porque las verdaderas barreras para la donación de órganos son la desinformación y el miedo, no la ideología. Muchas personas asumen erróneamente que la donación de órganos entra en conflicto con sus creencias religiosas, mientras que otras temen que sus órganos vayan a parar a manos de personas adineradas o, peor aún, que acaben en redes de tráfico. En Túnez, y en el norte de África en general, la preocupación por el tráfico ilegal de órganos ha mermado la confianza en las instituciones médicas. Una gran parte de los estudiantes encuestados expresó la creencia de que esta práctica era común en su país.

El hecho de que compartieran sus inquietudes y preguntas con un profesional médico marcó la diferencia. Los estudiantes salieron de estas reuniones presenciales mejor informados sobre cómo funciona el trasplante y con mayor confianza en el sistema. Seis meses después, observamos que los participantes seguían mostrando un mayor nivel de conocimiento y confianza en la institución.

Pero nuestro estudio también reveló un obstáculo más fundamental. Muchos estudiantes que querían registrarse como donantes de órganos no lo hicieron por temor a la desaprobación de sus familias. Las jóvenes, en particular, parecían verse limitadas por esta consideración, incluso cuando personalmente tenían una opinión favorable a la donación. La actitud familiar resultó ser un factor determinante para que alguien se registrara o no.

Los responsables políticos deben afrontar la realidad de que, en gran parte del mundo en desarrollo, la donación de órganos se considera una decisión familiar, no una elección personal. En Túnez, casi seis de cada diez familias contactadas para la donación de órganos rechazaron el consentimiento en 2023, y nuestro estudio sugiere que los adultos jóvenes rara vez se registran como donantes de órganos en contra de los deseos de sus familias.

Esto sugiere que, si bien las campañas de sensibilización dirigidas a estudiantes y jóvenes adultos son valiosas, es poco probable que alcancen todo su potencial a menos que la conversación trascienda las aulas y llegue a los hogares para alcanzar a los padres y a las generaciones mayores.

Los países que sufren escasez de órganos suelen buscar soluciones complejas: sistemas de exclusión voluntaria, incentivos financieros u otras reformas legales. Estas políticas podrían ser útiles, pero requieren instituciones sólidas y una gran confianza pública, dos elementos que escasean en muchos países de ingresos bajos y medios. La experiencia de Túnez sugiere que el primer paso no tiene por qué ser tan complicado. Basta con que un médico hable abiertamente sobre los trasplantes y responda a las preguntas que la gente suele tener miedo de formular para ampliar el número de donantes potenciales.

Las autoras, Christina Sarah Hauser es investigadora postdoctoral en el Collegio Carlo Alberto; Maleke Fourati es profesora asociada en la Escuela de Negocios Mediterránea de la Universidad del Mediterráneo Sur.

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