A la expectativa de que en las próximas semanas pudiera iniciar el proceso de vacunación contra el Covid-19 en Nicaragua, una parte de la población —entre los grupos prioritarios— manifiesta temor de aplicarse el antídoto y lejos de ganar confianza cuando se acerca este proceso de vacunación, que al final pretende inmunizar a cinco millones de nicaragüenses, el escepticismo predomina. Médicos independientes señalan que esta sensación de miedo o desconfianza es generada por el hermetismo con que ha manejado Daniel Ortega todo lo relacionado a la pandemia.
Para el especialista en salud pública y miembro del Comité Científico Multidisciplinario (CCM), Carlos Hernández, la preocupación que tienen los nicaragüenses es «legítima» debido a que no ha habido alguna orientación bien estructurada del Gobierno sobre la pandemia ni ahora sobre la vacunación.
«Está bien que la gente se preocupe, se interrogue, no solamente es su derecho sino que es sano esa actitud de autoprotección, y como no hay buena información de parte del Gobierno, entonces se genera mucho terreno para la confusión y noticia falsa», declaró el doctor Hernández.
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De acuerdo con el salubrista, otras organizaciones que han realizado encuesta sobre este tema le han compartido al CCM que aunque la mayoría de la población acepta la vacuna, existe una parte que la rechaza por tener dudas y miedo sobre su aplicación.
El régimen orteguista apunta a inmunizar primero a 1.3 millones de personas con la aplicación de las dosis donadas por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) —a través del mecanismo Covax— y 3.7 millones de nicaragüenses más al adquirir por medio de compra tres tipos de vacunas (AstraZeneca, Sputnik V y Moderna), además de la donación india de dosis de Covishield. Pero hasta ahora, tanto la población como el personal médico desconocen el protocolo que llevará a cabo el Ministerio de Salud (Minsa). Tampoco ha habido una campaña de información que explique de qué tratan los antídotos, sus efectos y eficacia, menos de promoción de la vacunación.
Vacunas seguras
El salubrista enfatizó que hasta ahora las vacunas que ha autorizado el Gobierno para su uso son certificadas, por lo que son opciones seguras y eficaces. Y aunque estas puedan provocar efectos secundarios, el doctor aclaró que son reacciones comunes —como es el dolor de cabeza, enrojecimiento o dolor en el brazo, fiebre y cansancio— que emite el cuerpo como respuesta inmunitaria.
«Toda vacuna va a presentar efectos, porque estás inoculando un cuerpo (sustancia) extraño en el cuerpo (humano), que genera una respuesta inmunitaria (…) La única reacción grave es la alérgica», señaló Hernández. El salubrista indicó que aunque los casos de alergia no se reportan mucho en los países que ya están vacunando, el personal de salud del país también debe estar capacitado para atender este escenario.
Las interrogantes colectivas ante la desinformación son muchas: ¿Puede haber mayores complicaciones por ser personas mayores de 60 años? ¿La vacuna puede afectar las condiciones de un paciente con comorbilidades? La respuesta es no. De acuerdo con actores como la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) o la Organización Mundial de la Salud, las vacunas que ya han sido certificadas y aprobadas es porque son seguras para su aplicación.
En este sentido, la doctora en biología molecular Roselyn Lemus-Martin dijo en entrevista con la cadena de televisión CNN que toda persona con cualquier enfermedad autoinmune, hipertensión, diabetes, entre otras, «se puede vacunar sin problemas»; pero alertó que en caso de que la persona presente vómito, náuseas intensas o dolor prolongado, tiene que visitar rápidamente al médico.
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Está previsto que la vacuna AstraZeneca sea la primera que llegue al país, puesto que es una donación que hará la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud OPS a través del mecanismo Covax. La OPS anunció que en marzo iniciará la distribución de las primeras dosis de la vacuna para los países de la región. Hasta ahora, no se ha reportado reacciones graves de estas vacunas.
Gobierno debe actuar
El doctor Alejandro Lagos, especialista en salud pública, enfatizó que el gobierno de Ortega aún puede llevar a cabo una campaña de educación sobre las vacunas que aplicará el Minsa para ganar la confianza de la población y, de esta manera, que pueda llegar voluntariamente a los centros que habilitarán para su aplicación.
«Debido a esas enfermedades agregadas que uno tiene que no se regulan de la noche a la mañana, uno debe irse preparando para recibir la primera dosis. El Gobierno debería de comenzar a dar recomendaciones para que la gente se prepare y reciba la vacuna», declaró el doctor Lagos.
A criterio del salubrista, el sistema de salud tiene todo el mes de marzo para difundir información y promover la importancia de las vacunas. «Ya los funcionarios del Minsa deberían de andar en los medios de comunicación hablando cómo será este proceso, porque este trabajo (la vacunación) es grandísimo, es algo serio, porque jamás se ha puesto una vacuna en tiempo de pandemia. Es el Gobierno quien debe dar la pauta y generar confianza y dar las recomendaciones», reprochó el doctor Lagos, quien laboró durante muchos años en el Minsa.
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De acuerdo con las recomendaciones de la OMS, los grupos prioritarios para el inicio de la vacunación son los trabajadores de la salud que están en primera línea combativa del Covid-19, las personas mayores de 60 años y con enfermedades crónicas. La primera fase de este proceso está dirigida a reducir la mortalidad, mientras que la segunda fase es para frenar la transmisión del virus, aclaró el doctor Hernández.
Una vez que inicie la aplicación de la primera dosis de la vacuna, en este caso la AstraZeneca, se debe esperar al menos tres meses para inyectar la segunda dosis. Durante este tiempo, el paciente tiene que seguir practicando las medidas de bioseguridad, como uso de mascarillas, lavado de manos o distanciamiento social.
«La gente confía que la vacuna que se utilice será porque es segura y certificada internacionalmente y hay evidencia científica de que no constituye ninguna amenaza significativa, cualquier efecto secundario va a ser pequeño y temporal (…) Deben tener confianza para que le pongan la vacuna y con la seguridad de que es necesario para él y el país, porque cada vez que uno se vacune, se reduce la posibilidad de enfermar», concluyó Hernández.