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Iota

Eta destruyó los barrios costeros de Bilwi, en el Caribe Norte. Iota remató. LA PRENSA/Wilmer López

«Vamos a tener este tipo de fenómenos con mayor frecuencia y mayor intensidad», advierte Incer Barquero respecto a los huracanes

Nicaragua ha estado marcada por el paso de huracanes. Este 2020 sufrió con Eta e Iota en menos de quince días, "El grave problema es que Nicaragua no está preparada", zanja el ambientalista

En su historia, Nicaragua ha sufrido la embestida de huracanes pero no el paso de dos con una diferencia tan corta como este año, de apenas 13 días. La ocurrencia de los ciclones – Eta el primero y enseguida Iota, que azotaron principalmente en el Caribe Norte – asombró a expertos en meteorología y llevó a las autoridades nacionales desarrollar planes de evacuación para proteger a miles de familias afectadas gravemente, aunque el gobierno calculó que al menos dos millones tuvieron algún tipo de afectación por los ciclones.

El ambientalista Jaime Incer Barquero cataloga como un hecho inédito el paso de Eta e Iota en un periodo tan corto, pero aclara que todo es producto del Cambio Climático y además advierte que vendrán más. «El clima está tan alterado que ahora vamos a tener este tipo de fenómenos con mayor frecuencia y mayor intensidad. El grave problema es que Nicaragua no está preparada, es vulnerable».

Ahora entre casas caídas, ríos todavía crecidos y siembras echadas a perder, las comunidades intentan retomar su vida, pero el panorama es desalentador.

Aunque es incontrolable la fuerza de los vientos de los huracanes y los volúmenes de agua que caen, Incer Barquero indica que contar con una amplia capa boscosa disminuye ese impacto y a la desintegración del ciclón porque el bosque es el mejor contenedor de agua y «ante la falta de bosques en vez de infiltrar, el agua escurre y hay inundaciones en calles y avalanchas que sepultan pueblos».

Esa fue precisamente la razón de una tragedia reciente con el paso de Iota: el martes 17 de noviembre hubo un deslave en San Martín de Peñas Blancas, Matagalpa, que mató a nueve personas y pero la lista podría llegar a once porque dos personas continúan desaparecidas. También está el recuerdo del volcán Casita donde en octubre de 1998, con el paso del huracán Mitch, hubo un alud que desapareció las comunidades Rolando Rodríguez y El Porvenir, con un resultado fatal de más de 2,000 personas fallecidas.

De acuerdo a un informe preliminar brindado por diferentes instituciones del Estado el pasado 24 de noviembre, Eta e Iota dejaron pérdidas de al menos 742 millones de dólares. Recuperarse de ese golpe llevará años y para empezar la atención ha tenido que solicitar apoyo financiero de la comunidad internacional.

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Antes de Eta e Iota, el último huracán que había golpeado con intensidad el territorio nacional fue el Félix en 2007 con categoría cinco, y antes de este fue el Mitch en 1998, también en la categoría máxima. El ambientalista Incer Barquero recuerda que el país es vulnerable por estar en el llamado corredor de los huracanes «y vamos a ser más vulnerables si tenemos menos bosques». Aprovecha para denunciar la falta de conservación de los principales «pulmones» del país: las reservas Bosawás e Indio Maíz.

Recta final de la temporada de huracanes

La temporada de huracanes  en el Atlántico oficialmente inició el 30 de junio pasado y finaliza este 30 de noviembre. En este tiempo se han creado 29 ciclones, de los cuales 13 alcanzaron la categoría de huracán. Iota, que arrasó con el Caribe de Nicaragua, fue el último.

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