Un tema básico fuera del radar

Es asombroso cómo temas fundamentales quedan fuera del radar moral de la sociedad contemporánea. El Economista, por ejemplo, prestigiosa revista británica, tras analizar los pros y contras de los candidatos norteamericanos a la Presidencia, vota a favor de Biden. Pero en ningún momento de su análisis le da peso alguno al tema del aborto. Así ocurre con muchísima gente, incluyendo un buen porcentaje de quienes se consideran cristianos o católicos. Para ellos el tema no existe o es secundario. Que la fórmula Biden-Harris anuncie que financiará la masacre de millares de niños por nacer, de que eliminará las restricciones o condicionamientos que hoy aplican varios estados, de que quieren ampliar la Corte Suprema para meter más jueces abortistas, y de que posiblemente —porque no han querido aclararlo— van a permitir abortos en fetos viables, parece no pesar en la conciencia ni en la sensibilidad de muchos votantes.

Ahora bien, no se piense que los abortos son un hecho aislado o estadísticamente insignificante. En Estados Unidos fueron 870,809 en 2017. Y quiérase o no, eran vidas humanas, no porque lo diga la Iglesia sino la ciencia.

Curiosamente, muchos de quienes defienden este verdadero genocidio, acusan a Trump de insensible por haber separado a niños de sus padres en las fronteras. Además de ignorar que esta política existía desde tiempo de Obama —para evitar que los niños compartieran celdas con adultos— exhiben un doble estándar moral; como los fariseos que, en palabras de Jesús, “colaban el mosquito, pero se tragaban el camello”. Les duele el clamor de los migrantes, el cambio climático, y gritan que Black Lives Matter, pero dejan pasar sin parpadear el asesinato de millares de inocentes en el vientre materno.

Mas, en honor a la verdad, no todos. Algunos se oponen al aborto, pero citando a sus obispos piensan que no debe ser el único tema de campaña. Hay que sopesar, dicen, todas las políticas de los candidatos pues podría ser que, en el balance total de sus pros y contras, los partidarios del aborto sean más aceptables que un rival provida pero impulsor de políticas aún más dañinas o inhumanas.

Vamos pues a la balanza: pongamos, como sugiere el pensador norteamericano Devin Nunes, los más de ochocientos mil cadáveres de criaturas abortadas en uno de los platillos, más todas las cosas buenas que puede generar Biden, y en el otro las peores cosas que se atribuyen a Trump. ¿A dónde se inclina la balanza?

La balanza, nos dice, “solo se inclina a un lado. El infanticidio es demasiado pesado para ser balanceado”.

Con todo, un articulista nicaragüense, mi estimado Adolfo Miranda, vio peor a Trump, afirmando, muy mal informado —pues afirmó que en Estados Unidos no hay hospitales públicos cuando hay casi 5,000—, que sus políticas en salud causarían la muerte de 100,000 ciudadanos. Absurdo; mas supongamos que esta y otras afirmaciones fantásticas fuesen ciertas: aun así, la balanza seguiría en la misma posición.

El problema de fondo que ha llevado a esta ceguera moral colectiva es la pérdida de la ética universal. El relativismo, junto con el hedonismo o materialismo, han sacrificado la creencia en normas morales absolutas y en el derecho natural, abriendo las puertas a un abismo de inhumanidad cuyas consecuencias no terminamos de ver.

Cuidado nos está pasando lo mismo en Nicaragua. En el nuevo gobierno que deseamos, ¿será el aborto un tema fuera del radar? Es pertinente, por tanto, preguntar a los actuales líderes opositores: ¿Aspiran o no a legalizar el aborto? Las consecuencias de su repuesta serán decisivas para quienes lo consideramos abominable. De ser positiva tendríamos que utilizar la balanza y ver cuál platillo pesa más.

El autor es historiador y autor del libro “En busca de la tierra prometida, Historia de Nicaragua 1492-2019”.

Opinión aborto Estados Unidos Joe Biden archivo
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