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Leo en el sitio web Quora un artículo sobre los últimos días de Helena de Troya, quien realmente no era de Troya, sino de Esparta. Se le llama Helena de Troya por su relación causal con la legendaria guerra que destruyó la gran ciudad helénica que estaba emplazada en la península de Anatolia, a la entrada del Estrecho de los Dardanelos.
Por designio de Afrodita, Helena, esposa de Menelao, el rey de Esparta, se enamora locamente de Paris, un príncipe troyano que ha llegado a la ciudad en misión de amistad. Paris también estaba predestinado a unirse con Helena, porque Afrodita le prometió que alguna vez se uniría a la mujer más bella del mundo. Y Helena era esa mujer.
Estando Paris en Esparta, Menelao tiene que viajar a Creta para asistir al funeral de su abuelo materno y en su ausencia Helena huye con su amante hacia Troya. No le importa abandonar su patria, a sus padres, a su esposo y aún a su pequeña hija, Hermíone, pues la pasión por Paris que la diosa del amor ha despertado en ella es más poderosa que cualquier otro sentimiento o que la reflexión racional.
Eso es lo que provoca la Guerra de Troya que dura diez años, hasta que los griegos que fueron a rescatar a Helena y castigar a los troyanos, logran entrar a la ciudad gracias a una estratagema de Odiseo, el rey de Ítaca que participa en la guerra. Los griegos hacen creer a los troyanos que han desistido de continuar la guerra y dejan a las puertas de la ciudad un gigantesco caballo de madera que Odiseo hizo construir. Los troyanos introducen el caballo al interior de la ciudad, y en la noche, cuando los combatientes están dormidos después de emborracharse para celebrar la supuesta victoria, sale del interior del caballo un nutrido grupo de guerreros griegos que abren las puertas de la ciudad para que entre el grueso de los ejércitos y la tomen desde dentro.
Para entonces Paris ya ha muerto en combate y Helena se ha casado con Deífobo, uno de sus cuñados. Cuando los griegos entran a Troya, Menelao mata a Deífobo y busca a Helena para asesinarla y cobrarse la afrenta. La encuentra, la toma violentamente por los hombros, en el forcejeo a Helena se le desprende la túnica que cubre su cuerpo y muestra sus hermosos pechos, perfectos como los de una diosa. La pasión y el deseo encienden el ánimo de Menelao, quien perdona la vida a Helena, solo la toma prisionera.
Menelao regresa a Esparta con Helena. Una tormenta hace naufragar la flota espartana y solo cinco naves sobreviven, pero los vientos las desvían a Egipto. Allí son atendidos por el rey Thon y su esposa Polidamma, quien enterada de las desdichas de Helena le ofrece una planta llamada “nepente”, que hace olvidar a quien la consume las desdichas de su pasado. Rubén Darío menciona la “nepente” en su hermoso poema sobre la muerte, Thanatos.
Después de algún tiempo Menelao y Helena siguen su viaje y por fin llegan a Esparta donde viven como un matrimonio común y corriente, pero sin amor porque Menelao ha perdido la capacidad de amar y Helena nunca lo amó. Ya anciano, Menelao muere por la mordedura de una serpiente venenosa en una cacería.
Una versión del mito dice que al morir Menelao sus hijos destierran a Helena, quienes no le perdonan haber sido causante de todas las desgracias que ocurrieron. Helena se refugia en Rodas, donde la reina Polixo la acoge con simpatía fingida, pues lo que quiere es vengarse de ella porque en la Guerra de Troya perdió la vida su esposo, el rey Tlepólemo. Por las noches las criadas de Polixo se disfrazan de Erinias, las divinidades de la venganza que entran a la habitación de Helena y la atormentan amenazándola con el castigo de los dioses, hasta que la enloquecen y ella termina ahorcándose.
Salomón de la Selva dice que al morir Helena Afrodita se la lleva al Olimpo, donde es diosa protectora de los navegantes. Por su parte, la escritora estadounidense Margaret George escribe en su espléndida novela “Helena de Troya” que después de muerto Menelao ella, ya bastante vieja, vuelve a Troya. Va a un santuario que ha sido consagrado a Paris y se queda allí dormida (¿o muerta?). De repente siente que una mano la toca suavemente en los hombros, abre los ojos y ve a Paris “en toda su gloria: joven, hermoso, resplandeciente”. —Helena—, le dice él, tomándole la mano. —Paris, ya voy — responde ella, se levanta y se van juntos.
Es una manera sugestiva de la talentosa escritora de decir que Paris llegó para llevarse a Helena a los Campos Elíseos (el Paraíso), donde desde entonces viven juntos, felices, amándose para siempre.