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Justo Rodríguez, preso político

Justo Rodríguez, preso político oriundo de Ometepe. LAPRENSA/ ARCHIVO

La historia de Justo Rodríguez, el reo político que tiene muerte cerebral

Su familia lo describe como un hombre alegre, bromista y curioso. Esta última característica lo llevó a pasar por el momento más amargo de su vida, cuando fue secuestrado por la Policía tras ser confundido con un manifestante

Los días de don Justo Emilio Rodríguez López, de 67 años, transcurrían en calma. Su rutina consistía en ir diario a su parcela, donde sembraba frijoles, yuca, quequisque y malanga para el consumo propio y de su familia. Sin embargo, su vida se vio sacudida en abril de este año por, según sus familiares, un error de oficiales de la Policía Orteguista (PO), quienes lo apresaron confundiéndolo con un opositor de la dictadura.

Nereyda López, de 54 años y sobrina de don Justo, cuenta que desde niño fue alegre, bromista y muy curioso, pero esta última característica en su personalidad lo llevó a pasar el momento más amargo de su vida, ya que por estar observando el enfrentamiento entre policías y ciudadanos de la comunidad de Esquipulas, del municipio de Moyogalpa en la isla de Ometepe, fue apresado por los agentes de la dictadura.

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A medida que pasaron los años, don Justo desarrolló el gusto por el baile, pero sobre todo por contar historias a sus sobrinos. «Él es apasionado por el dibujo, en sus ratos libres le gusta dibujar figuras en jícaros y en artesanías que él mismo hace, no las vende, las hace para la familia», asegura Nereyda López.

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Familia trabajadora

Don Justo nació en el seno de una familia trabajadora. Él es el menor de sus hermanos: Hernaldo, de 85 años; Liliam, de 79 y Emérita, de 70. Esta última ha hecho todo lo posible para que su pariente reciba justicia y no quede abandonado.

Ninguno de los hermanos logró estudiar. «Ellos para poder aprender a leer y escribir tuvieron que esperar que sus hijos aprendieran y luego sus mismos hijos les enseñaron. Ahora ya pueden escribir sus nombres y leer, pero nunca fueron a una escuela», relata Nereyda.

El ahora preso político es un apasionado del béisbol y apoya al equipo de Rivas en los campeonatos locales. No tiene hijos pero distribuye todo su afecto entre sus sobrinos, a quienes solía contarles historias en sus ratos libres.

Desde que en 2010 falleció Catalina, su pareja de casi 20 años, producto de un cáncer, él ha permanecido solo.

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El día del secuestro

En medio de esa soledad, don Justo caminaba todos los días un kilómetro para llegar a su parcela. Fue el 20 de abril que decidió ir a ver sus cultivos y a eso de las siete de la mañana fue detenido por los oficiales de la PO, quienes realizaban una redada en busca de ciudadanos que la noche anterior se habían concentrado en el pueblo para conmemorar el segundo aniversario del levantamiento cívico de abril del 2018.

«Mi tío nunca se metió en política. Esa vez él llegó a ver la protesta y cuando lo capturaron lo confundieron con un opositor al gobierno, por eso lo han tratado mal. No le daban atención médica y nos ocultan información sobre su estado de salud», afirma Nereyda.

Fue operado

Tras la captura fue trasladado a las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ) en Managua, conocido como el nuevo «Chipote». La Fiscalía lo acusó por el delito obstrucción de funciones y el 21 de julio pasado el juez Séptimo de Distrito Penal de Juicio, Melvin Vargas, lo declaró culpable y le impuso la pena de tres años y dos meses de cárcel.

En el presidio su salud desmejoró, ya que padece de hipertensión, a tal grado que fue víctima de un derrame cerebral. Fue llevado por custodios del Sistema Penitenciario Nacional Jorge Navarro al Hospital Antonio Lenín Fonseca el pasado domingo 30 de agosto, donde los médicos lo operaron y, según Nereyda, le extrajeron tres coágulos de sangre de la cabeza. Los doctores aseguraron que don Justo tiene muerte cerebral.

«Supimos que él continúa conectado a un ventilador artificial en Cuidado Intensivos y que los médicos dieron 72 horas para ver si mi tío reaccionaba después de la operación. Aún no sabemos si mejoró y ya pasó ese tiempo», narra su sobrina.

Justo Rodriguez
El abogado Eber Acevedo, de la CPDH, junto a doña Emérita Rodríguez, hermana de don Justo, buscando información del reo político en la cárcel La Modelo. LAPRENSA/ CARLOS LARIOS.

Respuesta tardía del juez

El abogado Eber Acevedo, de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH), quién está a cargo de la defensa del reo político, asegura que el juez que lleva la causa de su defendido por fin se pronunció y ordenó enviar al anciano para ser valorado por un especialista del Instituto de Medicina Legal (IML).

Esa petición (que don Justo sea valorado por un médico) se hizo desde la primera audiencia pero nunca fue resuelta, «hasta ahora que el señor está grave en el hospital», cuestiona Acevedo.

El defensor también solicitó al judicial que cambie la medida de cárcel por arresto domiciliario a favor de don Justo, teniendo en cuenta su edad y su condición de salud, pero sobre este punto aún no ha recibido respuesta.

«Esta petición la hicimos desde el 15 de mayo pasado, pero aún el juez no se pronuncia. Lo que dijo es que primero va a escuchar lo que tenga que decir el Ministerio Público, para luego decidir», asegura Acevedo.

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