Rosario Murillo
Humberto Belli Pereira

Una propuesta políticamente incorrecta

Comencemos, como preámbulo de lo que viene, preguntando: ¿Cuál ha sido el común denominador de los más grandes benefactores que ha tenido Nicaragua? Entre los nombres que han entregado sus vidas al servicio del prójimo y los marginados sobresalen personalidades como sor Emilia Rachella, sor María Romero, Elena Arellano, el padre Fabretto, el obispo Valdivieso, Bartolomé de las Casas, etc. Si miramos fuera de nuestros confines encontraremos lo mismo: hombres y mujeres como William Wilberforce, campeón de la abolición del tráfico esclavista en Inglaterra, o Martin Luther King, campeón de los derechos civiles de los negros, o Madre Teresa de Calcuta, más legiones de héroes anónimos que han servido en orfanatos, hospitales y sus hogares.

¿Qué suele distinguir a este grupo peculiar? Sencillamente sus profundas convicciones cristianas. Esto no es dato teológico sino objetivo, atestiguado por las ciencias sociales o la historia. Séase ateo o creyente, una conclusión inevitable de cualquier observador honesto es que ninguna religión, en la historia de la humanidad, ha inspirado a tantas personas a practicar el bien como la cristiana. Esto no implica que no existan ateos benefactores ni personas llamadas cristianas que sean malvadas. Pero en balance final, la religión cristiana puede mostrar al mundo, con orgullo, un impresionante ejercito de hombres y mujeres ejemplares que ninguna otra creencia o ideología ha podido igualar.

De nuevo, sin recurrir a causas teológicas sino estrictamente sociológicas o psicológicas, la razón de este fenómeno reside en el contenido moralizador y motivador que encierra dicha religión. Sean verdaderas o falsas sus creencias, su doctrina está cuajada de llamados al amor, al perdón y al servicio. Equivocados o no, sus adeptos creen que es su obligación moral servir a los demás y que se ganan el cielo haciéndolo.

Lo anterior afecta indudablemente la conducta porque las creencias tienen consecuencias. Los terroristas islámicos creen que Alá llama a matar a los infieles y, en consecuencia, matan a civiles inocentes. Los comunistas estalinistas creían que la burguesía debía ser eliminada, y en consecuencia mataban o encarcelaban burgueses. Fray Bartolomé de las Casas creía que los indios eran hijos de Dios, y en consecuencia los defendía. Sor María Rochella creían que en los pobres moraba Cristo y por eso los servía con abnegación.

Aquí entran de nuevo datos o estadísticas sociológicas. las familias más cristianas son las más estables y las que generan menos delincuentes y drogadictos. Las cárceles de Estados Unidos, donde se han hecho investigaciones al respecto, revelan que la mayoría de sus criminales son personas sin instrucción religiosa.

¿Qué consecuencias prácticas podemos sacar de estas realidades? Una es que sería muy deseable que nuestra niñez y juventud recibieran instrucción cristiana. Antes de Zelaya esto se hacía en nuestras escuelas públicas, pero su celo antirreligioso lo eliminó confinando dicho tipo de educación a les escuelas privadas confesionales. No ocurrió así en Costa Rica ni en Chile, naciones caracterizadas por un mayor civilismo.

Algunos pretenden que en lugar de religión hay que enseñar moral y cívica sin referentes religiosos. Pero no hay evidencia empírica de que este tipo de instrucción —que suele estar plagada de relativismo moral— dé resultados tan efectivos como la tradicional enseñanza religiosa

Disputas al respecto podrían resolverse con el simple expediente de un referéndum; uno que pregunte a los padres y madres algo que ni Zelaya ni los políticos han hecho: ¿Quieren que se imparta religión cristiana en el currículo de las escuelas públicas?

El autor fue ministro de Educación en el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro.
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Opinión Nicaragua archivo

COMENTARIOS

  1. Gustavo Garcia
    Hace 9 años

    Creo que la inquietud o propuesta es valedera, a lo mejor eso contagia a los politicos y en un futuro tomen en cuenta la opinion de sus gobernados. Ademas seria una dinamica que se aprenderia realmente como piensan los padres de los estudiantes o los estudiantes mismos. Basta ya de suponer hay que darle lugar a los hechos.

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