El arzobispo de Managua, cardenal Leopoldo Brenes, y los obispos de Matagalpa y Granada, Rolando Álvarez y Jorge Solórzano, respectivamente, dijeron que están reflexionando si irán a votar o no el domingo 6 de noviembre, en los controversiales comicios que las principales coaliciones de oposición, organizaciones de la sociedad civil y medios de comunicación independientes y democráticos llaman “farsa electoral”.
En la misma situación deben estar los demás obispos católicos, para ser coherentes con el comunicado de la Conferencia Episcopal de Nicaragua (CEN) emitido el 22 de agosto pasado, mediante el cual invitó a “que cada ciudadano frente a este proceso electoral decida y actúe desde el interior de su conciencia, libremente y sin miedo a ningún tipo de coacción interior”.
Los obispos precisaron en dicho comunicado, que “la decisión de votar o no votar o la de votar por determinada opción debe ser tomada por cada persona desde el interior de su conciencia. A la luz del evangelio y de la doctrina social de la Iglesia, un católico debe decidir consciente de que si con la opción que elija está colaborando a la construcción de una sociedad más justa, favoreciendo al bien común de toda la población y abonando al fortalecimiento de un sistema político democrático y pluralista en el país”.
Esta misma indecisión de los obispos la tendrán seguramente muchos nicaragüenses. Aunque también deben ser bastantes los que ya han decidido abstenerse, pues, como se ha dicho en la campaña política paralela a la oficial y más impactante que esta, después que fue excluida la oposición que en 2011 tuvo más del 31 por ciento de los votos “no hay por quién ni por qué votar”.
En cualquier país normal, la duda de muchos ciudadanos antes de las elecciones es la de por cuál candidato votar, según su ideología, su programa de gobierno, su plan de trabajo y su carisma personal. Por ejemplo en los Estados Unidos (EE. UU.) — donde dos días después de la farsa electoral de Nicaragua habrá una elección presidencial muy controvertida y tensa, la duda de muchos estadounidenses es si votar a favor de Hillary Clinton o hacerlo por Donald Trump; y hasta este momento no hay certeza de quién ganará la contienda.
En cambio, en Nicaragua no hay competencia electoral. Los comicios son solo para votar, no para elegir. Los cargos públicos que deberían estar en disputa ya han sido asignados. Sin embargo también hay ciudadanos que creen que deben votar, ya sea por su comprensión particular del deber cívico, o porque son afiliados a los partidos y simpatizantes de las personas que aparecen en la boleta de votación, o porque se sienten obligados a presentarse en los centros de votación para proteger sus empleos y su seguridad personal y familiar.
Por eso es ecuánime y correcta la invitación de los obispos a que cada quien decida, conforme a su conciencia, si debe votar o mejor quedarse en casa con la satisfacción del deber democrático cumplido.