No es aquí, espérate voy a preguntar, entonces Juana preguntó a una mujer que pasaba ¿dónde vive doña Lolita? Allá, le señaló la mujer transeúnte. Doña Juana con su esposo se enrumbaron donde había señalado la transeúnte sibilina.
Llegaron a la casa señalada, la puerta estaba abierta. Buenas noches, dijo doña Juana. De inmediato salió sonriendo Silvia. Qué se les ofrece, expresó. Bueno, venimos a retirar una encomienda que nos envió nuestro sobrino. Silvia se sonrió y les expresó: Qué extraño, no hemos recibido tal encomienda.
Juana quedó observando a su esposo, que se había quedado ido oyendo a Silvia. Pero no es posible, inquirió Juana. Vea doña Juana su sobrino murió hace cinco días, pero antes de fallecer dijo que le entregara este sobre sellado, señaló Silvia. Haber muéstremelo, le dijo Juana.
El esposo de Juana abrió el sobre y sacó un papel que solamente decía: “SOLO SOY UN EPITAFIO”.