Tiempos aquellos. “Adelante cubanos”. Era una exclamación de lucha no solo impulsada en las esquinas indignadas de la Habana en la década 50—60 a partir de que se produjo “el golpe de estado” del sargentón Batista contra Carlos Prío Socarrás. Al tomar el poder el militarismo coronado por el metal pedestre, sus segmentos procedieron a reprimir a los oponentes. La protesta se multiplicó en ecos que repercutieron en la excitación bohemia. Uno de sus voceros fue Daniel Santos. Su canción, un himno guerrillero, tuvo tan vasta difusión que se convirtió en la estrella subversiva en el continente con luz en las roconolas aquellas en que el parroquiano se solazaba con cuatro monedas. Una de ellas no dejaba de ponerse en la ranura de la máquina. “Adelante cubanos”.
En el resto de la canción el artista ponía a Cuba como “la cuna del heroísmo”. Eran los tiempos en que Fidel montaba la acción bélica en Sierra Maestra con repercusiones que convirtieron en realidad a la apología eufórica y condujeron al triunfo que puso en el poder a los Castro para estar ahí desde hace más de medio siglo con resultados saturados de complejidades y de complicaciones que siguen repercutiendo en América Latina cuyas fronteras recorren los cubanos imposibilitados de vivir felices en su propia tierra, desesperados de poner los pies en Estados Unidos. El cambio revolucionario fue tan apetecido en aquella época que hasta los guerrilleros nicaragüenses, que llegaron al poder en 1979, se enamoraron del modelo deseosos de repetir a una nueva Cuba, sin quedarse atrás en el presente un camarada sin credibilidad de Venezuela, renuente a madurar, de seguir el ejemplo pretextando a Bolívar.
Otros, aunque silenciosamente, han querido tomar la misma ruta pero solo dejando establecido quedarse en el poder hasta la perpetuidad como Daniel Ortega. Ninguno de los pretendientes ha dado en el blanco de la felicidad anhelada.
En aquellos tiempos ya Batista alejándose de la ruta mortuoria de su dictadura, recibí una invitación en 1958 para asistir a la inauguración del Hotel Habana Riviera situado frente a la playa, arquitectura tropical desbordante en belleza. Este hotel fue puesto como modelo para completar un proyecto ambicioso de otros de su categoría frente al mar. El caso es que el plan feneció al año siguiente cuando cupo en 1959 el advenimiento revolucionario
Años después don Mario Solano me invitó a la inauguración del proyecto “Cuba Tour” en el cual el gobierno de Castro ventilaba el afán de mostrar y de promover más intensamente las excelencias turísticas de Cuba. Pude comprobar los dos sistemas. Era visible el deterioro de algunas estructuras incluido el Habana Libre aunque más notoria la militarización imperante, el anterior de derecha y este de izquierda. Los uniformados con diferentes franelas predominando sobre la autoridad civil. El caso es que una dictadura sustituía a otra, lo cual se ha convertido en una rutina en los dirigentes que proclaman y luchan por la democracia, la libertad, los derechos humanos cuando están en la llanura o en la montaña guerrillera de oposición y se vuelven tiranos cuando toman el poder haciendo contradicción de las promesas primeramente hechas. Rompen el rosario y afilan las armas. Poco frecuente ha sido que los liberadores dejen la retórica quimérica para ir a la aplicación real de continuar con la dictadura y el poder.
El autor es periodista.