Marcha de primera clase
Un caudal de humanos. Payasos haciendo chistes y malabares. Toldos y letrinas móviles. Carrozas, comparsas, gente uniformada con camisetas psicodélicas, policías despejándole las vías, bandas de guerra, escolares en uniforme todavía, empleados públicos carilargos, vehículos y altoparlantes animando. El presupuesto público paga. Todo según el guion. Todo el Estado para que suceda. Prefabricado. Carnaval. Material para noticiero oficialista. Sonrían. Todo tan alegre. Tan impostado. Todo tan falso como un billete de 300 córdobas.
Marcha de segunda clase
Campesinos bota de hule. Cansados y furiosos. Dignos. Llevan más de 24 horas viajando en un país que les niega el derecho a movilizarse. A expresarse. Policías de escudos y garrotes les cierran el paso. No pueden pasar. ¿Por qué no? Porque no. Y punto. Retenes una vez. Otra. Otra y otra. Hambrientos. Matones los acosan. Matones de motos y licencias para matar que más tarde se pondrán la camiseta psicodélica y marcharán también, libres y alegres, por la paz y el trabajo. Campesinos tercos. Perseverantes. Algunos, machete al cinto. Bravos. A punto de perder la paciencia. Llegan. Por enésima vez los bloquean y acosan policías y sicarios en complicidad. Pueden pasar solo si responden con violencia. Ya hicieron notar su descontento y fuerza. No quieren volver con muertos, dicen. Deciden regresar.
Olla de presión
El orteguismo está jugando con fuego al clasificar a los ciudadanos de este país como de primera y segunda clase según la ideología que tengan. Con derechos y obligaciones distintos para unos y otros. No puede ser que si se es orteguista, si se apoya al Canal, si se sigue el guion, si se pone la camiseta, uno tenga derecho a movilizarse, a ser protegido por la Policía y atendido con el presupuesto público; mientras, si se discrepa del Gobierno, si se está contra el Canal, la Policía que debería proteger el derecho a la libertad de expresión y movilización de todos los ciudadanos, le reciba a garrotazos, le bloquee y se apoye en matones para agredirle. Impedir que se manifieste el descontento, reprimir al inconforme, incluso es tonto, porque lo único que está logrando es acumular presión y cualquier profesor de Física les puede explicar qué pasa cuando la presión acumulada sobrepasa la resistencia del recipiente que la contiene.
¡A sus órdenes, jefe!
¿En qué momento se fregó la cosa? Ahora tenemos una Policía que ya no actúa según la Ley, sino “porque recibe órdenes”. Para ellos “no deliberante” significa no discutir la orden, aunque sea reñida con la Ley, es ponerse la camiseta de un partido si se lo ordenan, es actuar como paramilitares o reventarle la vida a un ciudadano para que no ejerza sus derechos solo porque ese derecho incomoda al “jefe”. Todos los desmanes los justifican de un tiempo acá porque “recibimos órdenes”, como si eso los eximiese de la responsabilidad que van acumulando y por las que, si hay justicia en este mundo, algún día tendrán que dar cuenta de ello.
Los perdones de Ortega
¿Se acuerdan que cuando Daniel Ortega quería volver a ser presidente andaba pidiendo perdón a todo el mundo por todos lados? En 2004 le pidió perdón a la Iglesia católica por los “atropellos que cometimos”, pidió perdón al pueblo miskito en marzo de 2006 y ese mismo año pidió perdón al pueblo del Pacífico por los abusos cometidos cuando estuvo en el poder. Bueno, pensamos, cambió el hombre. Sin embargo, desde que reasumió el poder en 2007 todo lo que ha hecho es concentrar poder en sus manos y quitarle derechos a los ciudadanos. Se le olvidaron los perdones que pidió. Menciónenme una sola Ley en la que se otorguen más derechos a los ciudadanos y por cada una de ellas yo le mencionaré diez leyes en las que se les quita derechos y otras diez en las que se otorga más poder él mismo.
Al rabo del tigre
Y ahí es donde me cuesta entender al Cosep. El tiempo, energías, recursos y espacio que dedicó su presidente, José Adán Aguerri, para quejarse porque El Azote no lo citó textualmente, como si se tratase de una publicación seria y no de humor, serían más provechosos si los dedicara a demandar la libre movilización de los ciudadanos, a exigir que no se construya una sociedad con ciudadanos de primera y segunda clase según su ideología política y a luchar por que no se instale en este país una Ley de seguridad soberana que solo busca darle más poder al que manda y quitárselo a los ciudadanos. No estoy negando su derecho a pedir seriedad a El Azote, solo le pido que se enfoque en lo importante, que se atreva a tocarle el rabo al tigre. Es mi opinión personal.
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