René Pérez Montiel

La psicología al servicio de la familia

Mañana 14 de diciembre celebramos el Día del Psicólogo, un momento para acercarnos a la familia, desde la perspectiva de los miles de profesionales que en hospitales, unidades de salud y centros alternativos, ofrecen —en la mayor parte de casos— lo mejor de sí, para atender la discapacidad intelectual, enfermedades psicosomáticas y trastornos derivados de la herencia familiar, estilos de crianza, historias de vida y nuestras propias formas de afrontar los retos de la vida cotidiana.

La familia es la unidad vital del sistema social, espacio donde usualmente vivimos la mayor parte de nuestra existencia, con funciones extraordinariamente importantes, como aprender a vivir, relacionarnos y comunicarnos; donde adquirimos hábitos y costumbres, aprendemos a amar; elaboramos nuestros proyectos de vida; adquirimos apellidos, identidad, sentido de pertenencia, se nos asigna un nombre y una función específica; el “sello familiar” con que salimos de nuestras familias originarias que condicionara el “chip emocional”, que llevaremos de adultos a nuestras propias familias, cónyuge, hijos y nietos.

La familia como subsistema social puede producir seres humanos plenos, realizados y capaces de enfrentar la vida tal y como se presente, o bien puede devenir en personas incapaces de vivir o desempeñarse en la vida cotidiana, afectando el rol de padre o madre, e incluso el no aceptarse a sí mismo.

¿Qué papel desempeña la psicología y los psicólogos en este subsistema primario, tan lleno de retos, nuevos y viejos en esta segunda década del siglo XXI?

En primer lugar, debería en conjunto con educadores y padres de familia, desarrollar sobre todo en maternal, preescolar y primaria, la compleja tarea de construir “escuelas de padres”, la formación de conductas y habilidades para asumir con responsabilidad la vocación de la maternidad y paternidad. ¿Cuántos puntos del índice de desarrollo humano incrementaría el país si contáramos con “familias saludables”, donde aprendamos a educar a nuestros hijos con reglas estables, discursos coherentes, modelos de crianza donde impere la disciplina, tolerancia, respeto y comunicación asertiva?

En segundo lugar, en conjunto con los medios de comunicación y los tomadores de decisión, el reto de construir una cultura de “salud mental”, donde aprendamos a pensar, tomar decisiones, disminuir los apegos, promover una sexualidad responsable; centrados en la tolerancia a las ideas, valores y principios innegociables como la honestidad y el trabajo productivo, sustituir las conductas adictivas y mediocres, por ejes como la educación, el desarrollo de tecnologías, el “emprendedurismo”, y sobre todo con una visión de futuro, sin perder de vista el día de hoy, el aquí y el ahora, es con ello que contamos para tener en el futuro esa Nicaragua posible.

Y finalmente, el aprender a acercarnos sin temor a Dios, ese ser superior de la terapia de los “12 pasos”, a vivir con la confianza y la certeza de que hay un Padre Celestial que nos ama y ha creado la ciencia para mejorar la calidad de vida humana, y permitir que en “la libertad de los hijos de Dios” podamos vivir, construir y sobrellevar, cualquier dificultad, crisis o situación, con la ayuda de Aquel para el cual “no hay nada imposible”.

No estamos solos, no somos producto del azar o de un agujero negro, somos seres únicos e irrepetibles, con dones y talentos, con cientos de millones de neuronas para pensar, amar, trabajar, ser útiles, bajo la regla de oro de “hacer a otros lo que deseamos nos hagan a nosotros”.

La psicología es una ciencia de la conducta humana, pero sobre todo un instrumento de Dios, para trabajar juntos y desde ahora, en la construcción de una vida plena, con la vista y el corazón hacia el Creador, pero dirigida a nuestro prójimo más cercano: nuestra familia.

El autor es médico psicoterapeuta.

Opinión familia archivo
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