Durante la semana pasada Daniel Ortega se pronunció dos veces sobre la guerra en la Franja de Gaza entre Israel y la organización extremista palestina Hamás. Pero no abogó por una solución pacífica basada en un acuerdo honorable entre las dos partes, sino que se parcializó con Hamás y temerariamente aseguró que Israel quiere el exterminio del pueblo palestino.
En realidad, si Israel quisiera exterminar a la población palestina, como dice Ortega, ¿por qué no ataca a Cisjordania que es la región palestina más extensa y poblada, donde gobierna la menos radical Autoridad Nacional de Palestina, la cual no está realizando acciones terroristas contra la población israelí? La explicación es sencilla: la guerra solo es en Gaza porque allí manda Hamás, una organización extremista armada que niega el derecho de Israel a existir como pueblo y como Estado y por eso le ha declarado la guerra permanente, mediante lanzamientos de cohetes y acciones terroristas contra la población civil.
Es fácil pronunciarse en favor de Israel o de Palestina, incluso de Hamás si se tiene simpatía por sus acciones terroristas. Pero no es eso lo que deben hacer gobernantes responsables que quieran contribuir a una solución pacífica del conflicto. Si bien es válido condenar los bombardeos de Israel que matan civiles e inclusive niños en Gaza, también hay que condenar a Hamás por usar a los civiles y sobre todo a los niños como escudos humanos, en su enfrentamiento con el Ejército israelí.
En una entrevista con la televisión alemana Deustche Welle difundida el pasado fin de semana, el escritor israelí de izquierda Amos Oz, quien es un severo crítico de su propio gobierno y simpatizante de la causa palestina, lamentó lo que está ocurriendo en Gaza. Amos Oz condenó enérgicamente la guerra de Israel contra Gaza en 2009 y en 2012. Pero después que Hamás se rearmó y siguió lanzando cohetes contra el territorio de Israel y perpetrando acciones terroristas contra la población israelí, ahora el escritor judío amigo de la causa palestina ha debido reconocer que Israel no tiene más remedio que contraatacar con fuerza para defender a su población
“¿Qué harían ustedes si su vecino de enfrente se sienta en el balcón, pone a su niño sobre sus piernas y comienza a disparar una ametralladora contra la habitación de sus hijos?”, preguntó Amos Oz al periodista que lo cuestionaba por las muertes de civiles y niños causadas por los ataques de Israel contra Hamás. “Cuando las personas en Ramala y Nablus en Cisjordania vivan con bienestar y libertad, entonces las personas en Gaza harán antes o después con Hamás lo que la población de Rumania con Ceausescu” auguró el escritor judío amigo del pueblo palestino.
Se puede dar la razón o no a Amos Oz. Pero si se habla en representación de un Estado y un país no solo se debe condenar las muertes de personas civiles y niños causadas por los bombardeos de Israel, sino también los lanzamientos de cohetes de Hamás que provocan la respuesta bélica israelí. Y se debe abogar por una solución pacífica y política duradera, basada en el respeto al derecho de Israel y de Palestina a existir como naciones y como Estados.
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