Las reformas a la Constitución Política que ha propuesto el orteguismo con el apoyo de sus 63 diputados es ya el último paso para la consolidación del régimen fascista que comenzó a instaurar la pareja presidencial desde el 10 de enero del 2007 y que habían planificado mucho antes de esa fecha.
Queremos dejar claro esto porque ha surgido una muy bien intencionada propuesta del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), de someter las reformas (o mejor dicho contrarreformas a los cambios democráticos que se hicieron en la Constitución Política en 1995) a una consulta electoral mediante la elección de una Asamblea Constituyente que tendría a cargo esos cambios ya con el mandato de la ciudadanía.
La propuesta es a primera vista muy buena porque —contrario a un plebiscito que sometería a consulta popular la contrarreforma propuesta— una Constituyente haría una especie de borrón y cuenta nueva, o sea que se desecharía la draconiana propuesta del orteguismo y los constituyentes electos tendrían que iniciar un amplio proceso de consulta para hacer una nueva constitución. Un proceso que podría tomar hasta dos años, no semanas, como quiere el orteguismo.
Sin embargo, la propuesta del Cosep tiene un gran “pero” como se dice en buen nicaragüense. Como dijimos al principio, el orteguismo está actualmente retocando detalles de su plan totalitario. Con esto queremos decir que ya las instituciones democráticas están derruidas y por lo tanto incapaces de defender la democracia republicana. Por otro lado, el mismo esquema orteguista ha destruido la confianza del nicaragüense en el voto mediante los constantes fraudes y el extremadamente cínico comportamiento de los ilegales magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE).
Por lo tanto, resulta inútil convocar a la elección de una Asamblea Constituyente que será administrada por una institución que es encabezada por individuos desprestigiados por su actuar profesional. Simplemente una gran cantidad de ciudadanos no saldrá a votar y aún si salen a votar no hay garantía alguna de que la voluntad del votante se vea reflejada en los resultados que el CSE anuncie.
Es por eso que los nicaragüenses y las organizaciones políticas, gremiales y civiles que creen en la democracia republicana y representativa no tienen otro camino que rechazar en su totalidad la contrarreforma fascista del orteguismo.
Sabemos que va a ser imposible detener el cambio constitucional precisamente por el poder absoluto que ha acumulado ilegalmente el orteguismo, sin embargo, es importante dejar sentado que semejante cambio no cuenta con el consenso nacional tan necesario en este tipo de propuestas.
Ahora, una sociedad siempre debe tener una puerta o ventana de salida a los problemas que enfrenta. Así que quienes desean una democracia republicana deben exigir primero el funcionamiento de las instituciones democráticas, para comenzar, el CSE. De lo contrario, nada se gana discutiendo detalles de la contrarreforma que en su conjunto consolida el sistema fascista que ansía el orteguismo.
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