A algunos o muchos gobernantes les gusta volar alto y en costosos vuelos de aviones privados, aunque sean de un país de modesta renta económica, como Costa Rica, o que esté registrado como uno de los más pobres de América Latina y el Caribe, cual es el caso de Nicaragua.
Por esa vanidad política y personal, la presidenta de Costa Rica, Laura Chinchilla, se ha visto envuelta en un escándalo mayúsculo al descubrirse que en las dos últimas ocasiones en las que viajó en un avión privado, a Venezuela para el funeral de Hugo Chávez y a Perú para asistir a una boda y conversar con el presidente peruano Ollanta Humala, lo hizo en la aeronave de un sospechoso de ser testaferro de un narcotraficante internacional.
Pero al menos en Costa Rica, que es un país democrático, la presidenta Chinchilla ha destituido sin mayor trámite a los altos funcionarios de su Gobierno que consiguieron el avión y debieron investigar quién era su dueño, para evitar que la jefa de Estado se viera involucrada en este escándalo. Aunque a decir verdad, la señora Chinchilla también debería reconocer la parte de culpa que le corresponde personalmente, pues por vanidosa y creer que es humillante para alguien de su estatura política viajar en vuelos comerciales, ha empañado la imagen internacional de su país.
En Nicaragua, el presidente inconstitucional Daniel Ortega también viaja en aviones privados que además son mucho más costosos que el utilizado por la presidenta costarricense en sus vuelos a Venezuela y Perú, sin que se conozca de dónde sale el dinero para pagarlo. Y por cierto que tan grande y lujoso era el avión particular en el que Ortega llegó recientemente a Costa Rica, que solo lo superaba el del presidente de Estados Unidos.
En nuestra edición del viernes 17 de mayo informamos que la asignación del Presupuesto General de la República para viajes presidenciales al exterior, en este año, es de 868,900 córdobas, o sea unos 35 mil dólares. Sin embargo, solo el vuelo a Costa Rica para participar en la cena común con el presidente Obama, que Ortega hizo con su familia en un avión privado de Air Panamá, costó más de 40 mil dólares. Y mucho más debe haber costado el vuelo que Ortega y su familia hicieron en el mismo avión privado a Venezuela, para participar en la cumbre de Petrocaribe que se realizó el domingo siguiente.
Agrega la información de LA PRENSA que “desde que asumió la Presidencia de manera inconstitucional el 10 de enero de 2012, a Daniel Ortega se le conocen 11 viajes al exterior”. ¿Cuánto habrán costado esos viajes de Ortega con su familia y de dónde ha salido el dinero para pagarlos? Se puede suponer que Ortega los financia con dinero de la cooperación venezolana, que es más para su provecho particular que para beneficio del pueblo nicaragüense. Pero ¿cómo verificarlo?
Durante el ciclo de los gobiernos democráticos los presidentes viajaban al extranjero en vuelos comerciales. Pero no por eso se les menoscabó su dignidad personal ni su prestigio gubernamental, sino que más bien se realzaron. Ahora, por el contrario, la arrogancia y el derroche presidencial son ofensivos, aunque por razones conocidas, en las encuestas Ortega resulta mejor valorado por el público que los expresidentes democráticos.
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