La Nep, o Nueva Política Económica, fue una estrategia de Estado que se aplicó en la Rusia soviética a partir de marzo de 1921, por iniciativa de Vladímir Ilich Lenin, a fin de restablecer algunas relaciones de producción y comercio capitalistas y promover el capitalismo de Estado, ante la catastrófica crisis económica y social que había provocado el comunismo que fue instaurado a fines de 1917.
Lenin justificó la Nep con el argumento de que era un plan transitorio con el propósito de dar un paso hacia atrás para después caminar dos hacia adelante, pues, según dijo textualmente, “no somos lo suficientemente civilizados para pasar directamente al socialismo”. El caudillo soviético aludía de esa manera al dogma marxista original, de que al comunismo se llega solo después de que el capitalismo ha alcanzado su máximo desarrollo, pero Rusia era todavía un país semifeudal.
La Nep fue tan exitosa, que apenas siete años después de que se comenzó a implementar, la economía de Rusia se había recuperado a los niveles de 1913. Desaparecieron la escasez generalizada y el riguroso racionamiento y surgió una nueva clase media próspera, que fue llamada los “nepman”, o sea los hombres de la Nep. Pero el astuto y pragmático Lenin murió en 1924, y en 1928 el nuevo liderazgo comunista encabezado por José Stalin abolió la Nep y decretó la colectivización de la agricultura y de toda la economía nacional, causando las grandes hambrunas y represiones masivas que provocaron decenas de millones de muertos.
La lección que dejó la Nep rusa fue la de que solo el capitalismo —con todos sus defectos— puede producir desarrollo y prosperidad. Sin duda que es por eso que Raúl Castro ha adoptado en Cuba comunista su propia variante de la Nep, la cual, aunque mucho menos valiente que la de Lenin en 1921, de alguna manera está alentando el renacimiento de relaciones mercantiles de tipo capitalista, y aliviando al menos un poco las penurias del fracasado sistema comunista. Y al parecer es lo mismo que está comenzando a intentar Nicolás Maduro en Venezuela, ante el catastrófico fracaso económico y social del “socialismo del siglo 21” que se ha venido imponiendo en ese país desde 1999.
Maduro dispuso esta semana que quienes reciban viviendas construidas por el Estado, que hasta ahora fueron entregadas en forma gratuita, tendrán que pagarlas de acuerdo con sus costos y posibilidades. Además, Maduro se reunió con líderes de la empresa privada sobreviviente y acordó con ellos trabajar coordinadamente, para enfrentar el agudo desabastecimiento que sufre la población. Por su parte el vicepresidente Jorge Arreaza, quien es yerno del extinto Hugo Chávez y representante personal de la familia de este en la cúspide del poder, dio a conocer que el Gobierno está preparando un plan para exonerar del IR la importación de bienes de capitales, crear zonas económicas donde la empresa privada pueda operar con beneficios fiscales y otras medidas que no especificó.
La realidad histórica es terca y vuelve a demostrar que el comunismo, con cualquier nombre que le pongan, es inviable como sistema económico y social; y que donde se ha impuesto tiene que ser desmantelado, poco a poco o de una sola vez según las circunstancias.
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