El establecimiento de la paz en Nicaragua, en 1990, fue una de las grandes conquistas del gobierno democrático de doña Violeta Barrios de Chamorro. Después de casi 15 años de guerra civil y dos dictaduras consecutivas que se impusieron en el poder por la fuerza de las armas, el advenimiento de la paz bajo el liderazgo cívico y sereno de doña Violeta fue como una bendición para todo el pueblo nicaragüense.
Para guardar en la memoria histórica esa trascendental conquista de la paz, cuyo mérito es de todo el pueblo de Nicaragua y le corresponde también a las fuerzas armadas del Frente Sandinista y la Resistencia Nicaragüense, que decidieron dejar las armas y abandonar el camino de la guerra como medio de solventar los conflictos políticos del país, fue que se construyó el Parque de la Paz en el mismo sitio donde doña Violeta presidió la destrucción y el entierro de miles de armas de guerra homicidas, que habían servido para derramar la sangre de hermanos durante la última contienda armada de Nicaragua.
Ese lugar es un santuario cívico de Nicaragua, un monumento a la memoria de todos los nicaragüenses que ofrendaron sus vidas en las guerras intestinas, un memorial instituido para recordar que nunca más se debe volver a utilizar las armas para solventar diferencias políticas ni conflictos sociales de ningún tipo. Pero ha sido menospreciado y abandonado por las autoridades municipales y nacionales del régimen orteguista.
¿Será que el abandono del Monumento de la Paz, que incluso ha sido convertido en un muladar, se debe solo al descuido y la negligencia de las autoridades públicas? ¿Es que la ciudadanía embriagada por el populismo no sabe valorar los monumentos ni apreciar los grandes valores de la historia nacional? ¿O es que quienes gobiernan ahora y de nuevo en Nicaragua ya no reconocen la paz como el eje fundamental en la vida de la nación, la sociedad y el Estado? ¿Fue solo por obligación, que los que han vuelto a gobernar renunciaron a las armas en el comienzo del gobierno democrático de doña Violeta, pero siguen creyendo que el poder surge del cañón del fusil, como dice Mao Zedong, y se sostiene sobre las bayonetas?
Queremos creer que es por desidia y no intencional, que el actual Gobierno ha dejado en el abandono el Parque de la Paz, el cual representa la decisión del pueblo nicaragüense de no volver nunca a empuñar las armas, de jamás ir de nuevo a la guerra para cambiar gobiernos, tomar el poder y resolver los conflictos políticos.
El gobierno de Daniel Ortega y el partido oficialista FSLN deben demostrar que conservan la voluntad de paz que tuvieron en 1990, cuando aceptaron poner fin a la guerra con los contras. Pueden hacerlo apoyando la iniciativa de Ley que la Bancada Democrática presentó el jueves 13 de diciembre pasado en la Asamblea Nacional, para declarar monumento nacional al Parque de la Paz, ponerle el nombre de Presidenta Violeta Barrios de Chamorro y disponer los recursos necesarios para su rehabilitación y debido mantenimiento. ¿O es que no les interesa y nunca les ha interesado la paz de Nicaragua?
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