La Organización de Estados Americanos (OEA) ni siquiera se inmuta ante la erosión de la democracia causada por los gobiernos autoritarios de la región, entre ellos el de Nicaragua. Sin embargo dicha organización se moviliza rápidamente cuando se trata de defender a un oscuro personaje acusado por delitos sexuales, como es el hacker australiano Julian Assange, protegido de los gobernantes que forman parte del Alba.
En efecto, la OEA celebrará mañana una Reunión de Consulta (es decir, de cancilleres), convocada a instancias de los gobiernos del Alba para involucrar a la organización hemisférica en el caso de Assange, quien, para protegerse de la justicia sueca que lo requiere por la acusación de delitos sexuales, se presenta como alguien que es perseguido por Estados Unidos por practicar la libertad de expresión y de prensa, al haber comprado y revendido para su divulgación una gran cantidad de información confidencial y de seguridad de diversos gobiernos del mundo. Y el gobierno de Ecuador —que le ha concedido asilo político a Assange y está protagonizando un mayúsculo escándalo internacional para impedir que su protegido sea extraditado a Suecia—, proclama cínicamente que lo hace para defender el derecho a la libertad de expresión y de información, siendo que el gobierno de Rafael Correa reprime ferozmente a la prensa independiente de su país y persigue a los periodistas que no se someten a sus designios autoritarios.
Posiblemente tenga mérito el negocio de Julian Assange, de comprar información secreta de diversos gobiernos del mundo, sobre todo de Estados Unidos, y revenderla por cuantiosas sumas de dinero a algunos grandes periódicos de Europa y América, con los cuales el habilidoso pirata informático peleó posteriormente por incumplimiento de compromisos. Pero no es por esas filtraciones de información confidencial que la justicia sueca reclama a Assange, y que Inglaterra quiere extraditarlo a Suecia en cumplimiento estricto de la ley, sino por la acusación de que cometió delitos sexuales.
En realidad, Assange es un pillo de larga trayectoria. Comenzó su carrera delictiva en Australia, su país de origen, donde en 1991 fue encarcelado por haber robado información privada de las computadoras de una universidad australiana, una compañía de telecomunicaciones y otras entidades de ese país. Assange fue puesto en libertad por su buena conducta en la cárcel y el pago de una multa, pero huyó a Suecia donde trató de obtener permiso de residencia y trabajo, el que le fue negado por sus malos antecedentes. Y fue precisamente en Suecia donde Assange se relacionó con las dos mujeres, Anna Harding y Sofia Wilen, que en agosto de 2010 lo acusaron de que las hizo víctimas de abusos sexuales.
De manera que no es por divulgación o filtración de información sino por delitos comunes —y particularmente odiosos como son los abusos sexuales—, que la justicia de Suecia persigue a Assange, quien, por la naturaleza de los delitos que le imputan es al gobierno de Nicaragua al que debió haber pedido protección y refugio.
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