Esta semana, dos presidentes latinoamericanos pusieron en un claro contraste la gran diferencia que hay entre un gobierno autoritario y otro demócrata, en lo que se refiere a la concepción del rol de la prensa y la relación del poder con el periodismo libre e independiente.
El siempre enojado presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien es militante de la izquierda autoritaria, le prohibió a los ministros y demás funcionarios de su gobierno dar declaraciones a los medios de comunicación que no sean los gubernamentales y comunitarios, es decir, los oficialistas, los que nunca cuestionan nada, los que preguntan solo lo que les dicen que deben preguntar e informan únicamente lo que les ordenan informar.
Esto “es un hecho inusual en un sistema democrático” y “una restricción al libre acceso a la información”, declaró al respecto el director ejecutivo de la Asociación Ecuatoriana de Periódicos, Diego Cornejo, al periódico El Universo, el mismo cuyos principales directivos fueron condenados a prisión en febrero de este año y a pagar 40 millones de dólares de multa por haber publicado un artículo de opinión en el cual se criticaba al presidente. Pero dos semanas después, cediendo a una fuerte presión nacional e internacional, Correa “perdonó” al periódico y los periodistas pero persistió en sus ataques y amenazas.
En Chile ocurre lo contrario. Esta misma semana el presidente Sebastián Piñera, de derecha democrática, al participar en la cena anual de la Asociación Nacional de la Prensa calificó al periodismo independiente como “la artillería de la libertad”, citando palabras del poeta y escritor de Dinamarca del siglo XIX, Hans Christian Andersen. Reconoció además el presidente chileno que “no siempre una verdadera libertad DE PRENSA es grata para un gobernante”, pero “prefiero el ruido de la prensa libre al silencio de la prensa amordazada”.
En lo que se refiere al presidente ecuatoriano Rafael Correa, su fobia a la libertad de prensa y su persecución contra el periodismo independiente no es porque él sea un militante de izquierda. Como tampoco el ejemplar respeto del presidente chileno Sebastián Piñera a la libertad de prensa, se debe a que es de derecha. El quid del asunto consiste en que Correa no cree en la democracia y la libertad, mientras que Piñera sí es un demócrata convencido, respetuoso y practicante de la libertad.
De modo que en el fondo el problema no radica en que los gobiernos o los gobernantes sean de izquierda o derecha, sino en que son autoritarios o democráticos. Algunos políticos, sean de izquierda o de derecha, se valen de las facilidades que ofrece la democracia para tomar el poder, pero cuando están arriba actúan contra ella e incluso la suprimen; en tanto que otros políticos, de derecha o de izquierda, toman el poder democráticamente y luego gobiernan de acuerdo con las reglas y principios de la democracia, como por ejemplo el gobernante de derecha chileno Sebastián Piñera y el gobernante de izquierda uruguayo José Mujica.
Los gobiernos y los gobernantes respetan o erosionan la democracia, no porque sean de izquierda o de derecha, sino porque son demócratas o autoritarios. Esa es la diferencia, sencilla pero trascendental.
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