En la Declaración de la Conferencia Internacional de Apoyo a la Estrategia de Seguridad en Centroamérica, aprobada en Guatemala el 22 de junio pasado, los presidentes centroamericanos, de México y Colombia, junto con la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, y representantes de organismos internacionales, expresaron que “la delincuencia organizada transnacional constituye una grave y creciente amenaza a los pueblos y gobiernos centroamericanos, situación que se manifiesta en diferentes formas de violencia que representan un alto costo humano, social, político y económico ”. Y señalaron que la lucha contra el crimen “exige el concurso de todos los actores locales, nacionales, regionales e internacionales, incluidos los gobiernos, los parlamentos, el Poder Judicial, el sector privado y la sociedad centroamericana; así como el respaldo político y acompañamiento de los países amigos y organismos internacionales”.
Como para confirmar lo dicho en esa conferencia, apenas dos semanas después, el sábado 9 de julio corriente, en la misma capital de Guatemala que tiene el índice de criminalidad más alto en la región centroamericana, fue asesinado el afamado cantautor argentino Facundo Cabral. Este crimen, por la prominencia y popularidad de la víctima ha causado enorme conmoción internacional y repercute aún más en Nicaragua, porque un ciudadano nicaragüense que acompañaba a Cabral cuando lo asesinaron, resultó con heridas de suma gravedad.
Según datos de la ONU, en Centroamérica ocurren anualmente 33.3 homicidios por cada 100 mil habitantes, lo cual es la tasa de criminalidad más alta del mundo. En Costa Rica el índice de homicidios es de 11 por cada 100 mil habitantes; en Nicaragua, de 13; en Panamá, de 19; en El Salvador de 58 y en Guatemala es de 45, estadística letal que confirma el asesinato de Facundo Cabral, de cuyas causas e identidad de sus autores materiales e intelectuales todavía no dan cuenta las autoridades guatemaltecas.
Como sea, Facundo Cabral ha sido una víctima más de un Estado que es incapaz de garantizar la seguridad y proteger la vida de las personas, a pesar de que esta es la razón fundamental del surgimiento y la existencia de la organización estatal. Todo lo demás es secundario. La función primordial del Estado consiste en salvaguardar la vida humana, tanto de nacionales como de extranjeros, pero no la cumple.
Facundo Cabral era un cantautor de protesta política y social que, sin embargo, no se identificaba con ninguna corriente ideológica ni política. Era un humanista, y presentarlo como si hubiese sido militante izquierdista es una ofensa a su memoria , no porque ser de izquierda sea indecoroso sino simplemente porque él no militaba en ninguna tendencia y su arte estaba por encima de intereses partidistas y sectarios.
Facundo Cabral cantaba contra todas las injusticias, hipocresías políticas y abusos de poder, en cualquier lugar que se produjeran y quien quiera que fuese el que las cometiera, un dictador de derecha o un déspota de izquierda.
Precisamente por su identificación plena con la libertad fue que Cabral nunca quiso ir a Cuba a interpretar sus canciones. Esto a pesar de que fue invitado personalmente por los máximos exponentes de la música cubana en la isla y estrellas de la Nueva Trova, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, ofreciéndole el primero ser su anfitrión y servirle de sonidista el segundo. Es que, según dijera Facundo Cabral al diario peruano El Comercio en junio de 2008, “a esta altura creo que nunca llegaré a Cuba. Yo traería muchos problemas ahí. Me acuerdo que amábamos la revolución porque fue quijotesca y romántica. (Pero) Con los años uno empieza a pensar diferente”.
Facundo Cabral no podía admirar a personajes siniestros como Lenin, Stalin, Mao, Fidel Castro y mucho menos Hugo Chávez. Sus paradigmas eran Jesucristo, San Agustín, Walt Whitman, Gandhi y Madre Teresa de Calcuta, lo cual decía mucho de los sentimientos, aspiraciones y afinidades espirituales del popular cantautor argentino.
Facundo Cabral condenaba la injusticia y abogaba por la paz en todas partes de la Tierra. Sobre todo cantaba a los que luchan y dan la vida por la libertad, de quienes dijo en su poema No me llames extranjero que “ellos no saben de idiomas, de límites ni banderas Se conocían de siempre. Por la libertad eterna igual de libres murieron”. Y en otro poema memorable, como si lo hubiese pensado para su epitafio, dijo Facundo Cabral: “Que solo aquel que ha vivido tiene derecho a morir ”.
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