Las autoridades del Ministerio de Salud (Minsa) promovieron el último fin de semana una jornada de aseo general en los hospitales públicos del país. Obviamente, esta inusitada jornada higiénica se realizó en reacción a las informaciones publicadas durante varios días por LA PRENSA, acerca de la insalubridad imperante en los hospitales públicos de Nicaragua.
Las informaciones sobre la falta de sanidad en los hospitales de diferentes partes del país pusieron al descubierto los impresionantes cuadros de “manadas de gatos y perros que buscan desechos en los patios y depósitos de basura” de los hospitales públicos, además de “los focos de cucarachas, ratones y zancudos que afectan a los pacientes durante las noches”. A lo cual “se suma la queja de la población por las largas esperas y por la indiferente atención que reciben”, según se consignó en las informaciones de LA PRENSA sobre la penosa situación en la que se encuentra la salud pública en Nicaragua, bajo el régimen de Daniel Ortega, el cual, sin embargo, se autocalifica como un “gobierno de los pobres, cristiano, socialista y solidario”.
Precisamente por eso es que la falta de sanidad en los hospitales públicos resulta más ultrajante. El régimen de Ortega se jacta de que la atención a la salud pública es como la nave insignia de sus políticas sociales. De manera que cabe preguntarse: si la salud pública, que es la preferida en los programas sociales de este Gobierno, se maneja con tanta irresponsabilidad e ineficiencia, ¿cómo estarán entonces los otros sectores de la administración que no son prioritarios para el régimen actual?
Por otro lado, ante las crudas evidencias del desastre reinante en la salud pública, los defensores del régimen orteguista reclaman que así como denunciamos los “defectos”, que hay en la actual administración pública, también deberíamos reconocer sus “grandes” logros sociales. Pero, ¿dónde están esos logros sociales, aparte los pocos beneficios que de hecho sólo reciben los seguidores de Daniel Ortega?
En todo caso, el trabajo y la misión de los medios de comunicación independientes no es elogiar al Gobierno, ni siquiera cuando éste cumple su deber, pues los gobernantes tienen la obligación de atender las necesidades y resolver los problemas de la gente. La propaganda gubernamental pretende hacer creer que los servicios de salud, educación y otros rubros de la asistencia pública, son un generoso regalo del Gobierno y personalmente de Daniel Ortega. Pero el Gobierno no le da nada gratis a la población. Por el contrario, los gobernantes se aprovechan de los recursos presupuestarios del Estado para su beneficio particular, en vez de usarlos para prestar buenos servicios públicos a la población, como es su deber.
En el Presupuesto General de la República de este año se le asignó al Ministerio de Salud la suma de C$5,171,813.161 (cinco mil ciento setenta y un millones, ochocientos trece mil ciento sesenta y un córdobas), equivalentes a un poco más de 246 millones de dólares. Pero ese dinero no sale de los fondos personales que Daniel Ortega y demás miembros de la cúpula gubernamental han acumulado al amparo del poder público. Todo lo que el Estado gasta en salud, educación y otros rubros sociales, es financiado por la gente que paga impuestos, fundamentalmente por los empresarios, empleados y trabajadores del sector privado. Cada córdoba que se gasta en los programas sociales, lo mismo que el dinero que mediante los mecanismos institucionalizados de la corrupción se desvía a los bolsillos de los gobernantes, es aportado por la gente que trabaja y produce. Por lo tanto no hay nada que agradecer a los gobernantes, sino más bien mucho que reclamarles.
Gobernar es ejercer la función pública para servicio de la sociedad, utilizando con honestidad y eficiencia los recursos económicos que proveen los mismos gobernados. Los gobernantes son empleados del pueblo, no sus benefactores y mucho menos sus amos. De manera que quienes gobiernan no pueden esperar elogios de la prensa independiente, ni siquiera cuando desempeñan bien sus funciones, porque ésta es su obligación y para eso les paga el pueblo. Y les paga demasiado bien.
La misión de los medios es dar a conocer los problemas y denunciar la ineficiencia gubernamental, con el propósito de que se corrijan. En este sentido, lo que debemos celebrar es que gracias a las denuncias de LA PRENSA sobre la insalubridad imperante en los centros de salud pública, las autoridades del Minsa se estén preocupando por higienizarlos.
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