ESPERANZA
“¡Esperanza! El único remedio barato y universal para todos los males que sufre el hombre”.
Abraham Cowley (1618-1667), poeta metafísico inglés del siglo XVII.
PROMESAS INCUMPLIDAS
Montevideo (AIPE)— En los tiempos que corren, la democracia como sistema de gobierno goza de gran prestigio. Existe amplio consenso, en que es una virtud intrínseca a ella, el hecho de que sean los propios ciudadanos los que eligen a sus representantes y mandatarios.
El régimen democrático se caracteriza por la presencia de elecciones periódicas, libres y limpias, donde diferentes partidos y candidatos compiten, en igualdad de condiciones, para lograr ser elegidos. Asimismo, es necesario que exista una prensa independiente de todo poder, para que los diversos discursos y propuestas puedan llegar a todos los ciudadanos.
El buen nombre que ostenta la democracia es tal que suena a herejía cuestionarla. Aprovechando eso, proliferan en Latinoamérica los regímenes autoritarios que se “camuflan” de democráticos, para aparentar ser legítimos ante la opinión pública y evitar ser censurados.
Pero aún tratándose de auténticas democracias, uno de sus rasgos nos preocupa. Nos referimos a la distancia que media entre los discursos de los políticos buscando votos y sus posteriores acciones de gobierno al resultar electos.
Es común escuchar a esos candidatos expresar en privado que si dijeran lo que realmente piensan perderían las elecciones. Que es necesario decirles a sus oyentes lo que ellos quieren escuchar. Entonces, la conclusión lógica es que los procesos electorales se asientan en un juego de farsas. Y que los electores terminan eligiendo a alguien que lo que expresa en sus discursos no es lo que planea realizar.
No parece tener mucho sentido un sistema de elegir a nuestros gobernantes, cuya dinámica es ésa. Veamos algunos ejemplos:
En Uruguay, el ex presidente Jorge Batlle (2000-2005) ganó las elecciones en ancas de un discurso liberal; una vez en el poder, en medio de la tremenda crisis que en el 2002 asoló al país, hundió con sus medidas a las empresas privadas para salvaguardar a la hipertrófica plantilla estatal. El ex presidente izquierdista, Tabaré Vázquez (2005-2010) prometió durante su campaña electoral, que de triunfar, el cambio “sacudirá las raíces de los árboles”; en la práctica, resultó ser un gobierno socialdemócrata que en nada se diferenciaba de lo antes realizado por los partidos tradicionales.
Y el recientemente electo presidente José Mujica, un ex guerrillero tupamaro, tiene asombrados a propios y extraños. En un almuerzo con empresarios nacionales y extranjeros, organizado en un lujoso hotel de Punta del Este, expresó, que “la riqueza es hija del trabajo y el trabajo necesita inversión. Les estamos pidiendo que apuesten al Uruguay y jueguen con el Uruguay, y no lo decimos desinteresadamente. Lo decimos profundamente interesados, porque no somos Mandrake, no podemos generar riqueza con decisiones legislativas”. Añadió que “ser inversor no es tener plata, es tener capacidad y coraje de riesgo”.
Terminó su alocución elocuentemente: “¡Juégala acá! ¡Qué no te la van a expropiar, ni te van a doblar los impuestos!”
Estos ejemplos demuestran que estamos a ciegas cuando elegimos a nuestros gobernantes. En realidad nunca sabemos bien sobre qué estamos votando. Eso nos revela una falla grave en el diseño y manejo de los mecanismos electorales.
Hana Fischer
Analista política uruguaya. © www.aipenet.com
VIOLENCIA VS. INCAPACIDAD
Los disturbios provocados la semana pasada por turbas, han dejado en evidencia el desprecio de un mal mandatario por su país, que sólo se preocupa por lo que ocurra en su casa o en su familia. El señor Daniel Ortega piensa que el ataque dirigido a un grupo de diputados es solamente eso, pero no ve que también, que es un ataque aún más directo al pueblo, a la imagen de Nicaragua y por lo tanto a la economía nacional.
Destruir la propiedad privada y más de una marca internacional como es el Hotel Holiday Inn, nos pone en primera plana en el mundo como un país violento y sin ley, con una Policía pasiva ante un grupo de delincuentes orquestados por aquéllos que se escudan o tratan de distraer la atención con violencia del verdadero problema, como es la violación a la Constitución.
Observando las imágenes en donde se recibía a la presidenta electa de Costa Rica, Laura Chinchilla y quien primero la saludó fue la señora Rosario Murillo, demostrando así quien manda en casa y en el país, evidenciando el Presidente su incapacidad de gobernar y su falta de sensatez, pues de no estar de acuerdo con la violencia seguramente se pronunciaría condenando estos actos y reconocería que es un soberano error fomentar la violencia, porque al final los que resultamos perjudicados somos todos los nicaragüenses, más aún los pobres. Pero recuerden al final que el que tiene la última palabra será el Pueblo.
Germán Ruiz E.
TERRORISMO ORTEGUISTA
Ante la falta de argumentos y de razón, cínicas y definitivamente transparentes intenciones de seguir cometiendo fraudes electorales y para ello mantener en el Consejo Supremo Electoral a los magistrados que hacen este trabajo sucio, el orteguismo pasó del chantaje político, la compra de voluntades, la atemorización de los diputados pusilánimes, cobardes, vividores, etc., a las acciones vandálicas y de terror.
El orteguismo está apuntado al terrorismo con su ignorancia y prepotencia de siempre, ignorante porque no aprendió de los errores del pasado, ya que no es cierto que el FSLN haya ganado la guerra de los ochenta, más bien fue un empate técnico que se resolvió de manera política con las elecciones del noventa, que efectivamente perdió porque no era mayoría política.
La prepotencia es un modo de ser de la pareja presidencial Ortega-Murillo, quienes creen que de alguna manera siempre serán inmunes e impunes, que nunca tendrán que pagar por los daños y crímenes que cometen, es decir, que no les puede pasar nada porque están protegidos en el poder, no creen en la frase que dice “a todo mundo le entran las balas”, pero el que propicia la violencia seguramente morirá ahogado en ella, ya sea en la sangre del enemigo o en la propia.
¿Qué se puede hacer para detener esto? La verdad es que si el orteguismo sigue por este camino, el FSLN se convertirá en una organización terrorista, que cumplirá con todos los parámetros para ser declarada como tal. Por ello es necesario ir acumulando las evidencias, tomando las fotos y vídeos de los orteguistas más furibundos, y hacerles sus expedientes, para luego proceder a acusarlos por terrorismo en cualquier parte del mundo. Esto es necesario para que los violentos sepan que serán perseguidos de oficio a donde quiera que vayan, para aislar al orteguismo de la base social que todavía tienen en los sectores populares y sobre todas las cosas, para aislar a esta base social de la violencia, para que el pueblo no se tiña las manos de sangre por un ídolo de barro.
Eduardo Cáceres
VUELVEN LAS TURBAS
“ Duelos, espantos, guerras, fiebre constante en nuestra senda ha puesto la suerte triste :
¡Cristóforo Colombo, pobre Almirante, ruega a Dios por el mundo que descubriste!”
Rubén Darío
Escuchaba en el oficialista Canal 4 a los periodistas de ese medio, clamando por la encarcelación de una persona por agredir a un periodista de ese medio. Dieron parte a la Policía para que lo arrestaran, decían que era atroz lo que le habían hecho. Me pregunto: ¿Por qué no tomaron esa misma actitud cuando periodistas de ese medio, el 2 de octubre del 2008 agredieron a los jóvenes pertenecientes al Movimiento Juvenil NO, frente a las instalaciones de ese Canal?
¿Cómo podemos llamar a este acto vandálico? ¿No es agresión? En los diferentes canales de televisión salieron los rostros de los facinerosos que golpearon salvajemente a estos jóvenes, entre ellos Ever Cárcamo, Edgard Cuarezma y el agitador, Camilo Cienfuegos. ¿Y la Policía? Muy bien gracias.
Así como la dictadura somocista organizó destacamentos de poder popular para atacar y vejar las concentraciones y actos cívicos de la oposición, así, la dictadura orteguista organizó en la década de los ochenta las “turbas divinas”, las cuales hoy vuelven a tomar su papel represivo al mejor estilo de las hordas nicolasianas, acompañadas esta vez con supuestos maras orteguistas.
Julio León Báez
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