Ayer 25 de abril se cumplieron 20 años del histórico traspaso de gobierno, de un presidente dictatorial, militarista y guerrero como Daniel Ortega, a una presidenta demócrata, civilista y pacífica como doña Violeta Barrios de Chamorro. Fue aquél un cambio de gobierno que no sólo trajo inmensas ventajas políticas, sino también grandes beneficios económicos para el pueblo nicaragüense.
Aunque sólo fuera por sus grandes logros políticos, ya era suficientemente importante el cambio de la dictadura a la democracia, en 1990, como resultado de la victoria electoral de doña Violeta Barrios de Chamorro y la Unión Nacional Opositora (UNO). El gobierno democrático de doña Violeta puso fin a la guerra civil y restableció la paz; garantizó la libertad de expresión y de prensa; los partidos políticos pudieron organizarse libremente y tener confianza en las autoridades del Poder Electoral; las organizaciones de la sociedad civil florecieron en todos los ámbitos del país y la vida social; los ciudadanos tuvieron libertad de manifestarse en las calles sin temor a la represión policial y de la tenebrosa Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE); después de las crueles dictaduras somocista y sandinista, todos los nicaragüenses pudimos vivir en libertad y mirar hacia el futuro con confianza y optimismo.
Esos inapreciables bienes jurídicos y políticos, repetimos, eran más que suficientes para reconocer la trascendental importancia de aquel cambio de gobierno, de la dictadura de Ortega a la democracia de doña Violeta. Es que la democracia, como ha escrito el economista indio Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998, en su ensayo La democracia como valor universal que publicó en 2002, “enriquece la vida de los ciudadanos con la libertad política que es parte de la libertad humana en general y ejercer los derechos civiles y políticos es un aspecto crucial de la vida de los individuos como entes sociales”. “La democracia —explica Sen— tiene un importante valor instrumental en potenciar la audiencia que la gente obtiene al expresar sus demandas de atención política, incluyendo las necesidades económicas. (Además), la práctica de la democracia da a los ciudadanos una oportunidad de aprender los unos de los otros, y ayuda a la sociedad a conformar sus valores y prioridades”.
En Nicaragua, gracias al cambio democrático de gobierno del 25 de abril de 1990 se conocieron y apreciaron esos valores de la democracia. Pero además la democracia trajo cuantiosos beneficios económicos para el pueblo nicaragüense. De entrada, con el cambio democrático de gobierno se comenzó a reactivar la economía y se puso fin al miserable racionamiento de los bienes de consumo y los alimentos indispensables. El Producto Interno Bruto de Nicaragua, que en 1990, al terminar la dictadura sandinista, era de apenas unos 1,500 millones de dólares, al finalizar el período de los gobiernos democráticos había saltado a más de 6 mil millones de dólares.
El economista Erwin Krüger dijo en una entrevista con LA PRENSA publicada el sábado 10 de abril corriente, que la democracia le dio “un giro a la pobreza dejada por el modelo de economía centralizada que impuso el primer gobierno del Frente Sandinista (FSLN) en la década de 1980”. Recordó Krüger —quien fuera alto funcionario en el sector económico durante el gobierno de doña Violeta, así como presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep)— que: “entre 1979 y 1990 el nivel de ingreso per cápita se redujo en un 55 por ciento, lo cual profundizó la pobreza de Nicaragua. Sin embargo, la transición de una economía centralizada a una de mercado permitió al país tener nuevamente indicadores positivos ”
Los sandinistas siempre han culpado por el desastre económico de los años ochenta, a la guerra que según ellos fue impuesta por Estados Unidos. Pero omiten decir que el mismo gobierno sandinista de aquella década funesta fue el que provocó la guerra, cuyos costos fueron financiados por la Unión Soviética y demás países comunistas. Además, ahora no hay guerra y sin embargo la economía nacional se deteriora y va nuevamente hacia la bancarrota —excepto las empresas del Alba que usufructúa el FSLN—, mientras la pobreza ha vuelto a aumentar entre los nicaragüenses, salvo los que pertenecen a la nueva clase de ricos y oligarcas gobernantes y algunos que medran a su amparo.
Y sin duda que la economía nacional continuará deteriorándose, y la pobreza aumentando, hasta que venga un nuevo gobierno democrático que reencamine el país hacia la racionalidad, la libertad y la democracia.
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