El “logro” del Cosep, en sus negociaciones con el gobierno de Daniel Ortega sobre el incremento de la carga impositiva para el próximo año, es como el de una persona asaltada que gracias a sus súplicas consigue que el asaltante no le introduzca todo el puñal en el cuerpo, sólo la mitad, y que lo deje malherido y moribundo pero con la esperanza de que mediante algún milagro podría sobrevivir.
En realidad, Ortega logró lo que quería con su plan de aumentar la carga tributaria. Pero simula que ha retrocedido en su exigencia original, para que a la otra parte, en este caso el Cosep, le quede la ilusión de que sus negociaciones con el Gobierno fueron satisfactorias. Es la vieja y muy conocida estrategia de negociación de Daniel Ortega y el FSLN, que de entrada exigen cien, luego ponen la cara dura y gruñen a fin de amedrentar al adversario, para después ceder veinte y quedarse así con una ganancia neta de ochenta. Pero los competidores de Daniel Ortega nunca aprenden la lección y siempre terminan cayendo en la trampa de la negociación orteguista.
Se dice que lo que el Cosep aceptó como aumento a la carga tributaria, es lo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) exige para que se disminuya el déficit fiscal de Nicaragua y el próximo año el país pueda obtener nuevos créditos extranjeros. Pero el FMI no ha dicho que se tienen que crear o aumentar impuestos. Lo que ha dicho es que se debe reducir la brecha fiscal. Y esto se puede lograr, como lo han explicado muy bien economistas independientes y parlamentarios democráticos, sin aumentar la carga tributaria, por medio de medidas como las siguientes:
- Poeta, escritor, periodista y diplomático nicaragüense, fallecido el 6 de febrero de 1916. Máximo representante del modernismo literario en lengua española. Su verdadero nombre era Félix Rubén García Sarmiento.
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Primero, reducir drásticamente el gasto innecesario en el Estado, en primer lugar el que claramente significa derroche y alimento para la corrupción. Por ejemplo, el financiamiento del gigantismo propagandístico para el culto a la persona de Daniel Ortega; el gasto millonario de funcionarios que viven como príncipes petroleros del Oriente Medio y no como lo que son: empleados públicos del segundo país más pobre del Hemisferio Occidental; las partidas presupuestarias especiales y el fementido “fondo social” que se asignan los diputados, etc.
Segundo, recuperar la ayuda financiera externa de apoyo presupuestario, que fue congelada y permanece suspendida debido al fraude electoral del año pasado. Para recuperar esos fondos de casi cien millones de dólares, Daniel Ortega sólo tendría que reconocer y revocar el fraude, convocar a nuevas elecciones municipales en los lugares donde se perpetró, y dar garantías políticas, legales e institucionales de que las siguientes elecciones serán libres y transparentes, debidamente vigiladas por observadores independientes, nacionales y extranjeros.
Tercero, incorporar al Presupuesto Nacional los fondos de la cooperación venezolana que Daniel Ortega ha manejado hasta ahora como si fueran un patrimonio personal, familiar y partidista.
Cuarto, reducir la carga tributaria ya existente, a fin de ampliar la base de contribuyentes mediante el incentivo fiscal a la producción, el comercio y el consumo; atraer nuevas inversiones extranjeras, abrir más fuentes de trabajo, etc.
La verdad es que el Gobierno no estaría en crisis presupuestaria si el orteguismo no hubiera perpetrado el fraude electoral del año pasado, si no hubiese tanto despilfarro y corrupción en el Estado, si los fondos de la cooperación venezolana que significan cuatro veces más que la ayuda del Grupo de Apoyo Presupuestario (GAP), no se estuvieran manejando como botín personal, familiar y partidista.
Pero en vez de revocar el fraude para recuperar los fondos del GAP, de reducir el derroche estatal y controlar la corrupción, y de transparentar la cooperación venezolana, que es lo que en realidad se necesita para salvar la economía nacional y proteger a la población, el gobierno de Daniel Ortega las va a apuñalar con más impuestos. Y aunque en consideración a las peticiones del Cosep, el puñal tributario se clavará sólo hasta la mitad, de todas maneras las consecuencias serán desastrosas.
No obstante, los diputados de oposición no están obligados a aceptar el aumento de la carga tributaria, aunque el Gobierno lo haya consensuado con el Cosep. Ellos pueden y deben rechazar esa puñalada trapera contra la maltrecha economía nacional y el empobrecido pueblo de Nicaragua. Entre otras cosas eso es lo que les mandó a hacer el pueblo, con la gran marcha democrática del 21 de noviembre pasado.
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