Peor que las asonadas

Nicaragua está a punto de quedar fuera del programa con el FMI —técnicamente y de hecho ya está fuera, sólo falta confirmarlo oficialmente, aseguran los expertos—, y eso significa que el país dejará de percibir de inmediato entre 2 mil y tres mil millones de córdobas.

Hace una semana nos indignábamos porque la última asonada sandinista le costó al país — a quienes trabajan y pagan impuestos— más de 100 millones de córdobas. Pero sin duda que eso es muy poco en comparación con lo que perderá Nicaragua al quedar fuera del programa con el FMI.

Y todo eso es por culpa de los sandinistas y de los liberales arnoldistas del PLC, quienes desde su trinchera en la Asamblea Nacional deliberadamente le hacen daño a Nicaragua, sobre todo a los nicaragüenses más pobres que son los que siempre pagan las peores consecuencias en estos casos.

En efecto, si los diputados liberales y sandinistas no hubieran aumentado en un 20 por ciento el déficit presupuestario, al alterar el proyecto de ley del Presupuesto que les presentó el Poder Ejecutivo, el país no estaría ahora abocado a la tragedia económica —que tendrá también trágicas consecuencias sociales— que significa quedar fuera del programa del FMI. Además, si ellos hubieran aprobado las leyes de la materia económica que se requieren para no salirse del programa del FMI ni perder los beneficios que de éste se derivan, como por ejemplo la Ley de Mercado de Capitales y la modificación a la ley de asignaciones presupuestarias a los municipios, el país no estaría abocado a la crítica situación en que se encuentra ahora.

El daño no se lo están haciendo al presidente Enrique Bolaños. El daño es a Nicaragua, a la población, a los trabajadores —empleados y empleadores—, a los miles de nicaragüenses que ahora tienen trabajo y reciben un salario pero que los perderán por culpa de la irresponsabilidad de los diputados sandinistas y liberales arnoldistas.

Muy bien ha escrito Carlos Alberto Montaner que el principal problema de países como Nicaragua es que, por lo general, no tienen políticos sino matones y pistoleros. O guerreros, en el mejor de los casos. En realidad, los diputados sandinistas y liberales arnoldistas parecieran estar en guerra contra Nicaragua. En la guerra, los ejércitos van destruyendo todo a su paso, sea que avancen victoriosos o que retrocedan derrotados. Puentes, edificaciones, campos de cultivo, fábricas y almacenes, torres de transmisión de energía eléctrica, etc., caen inexorablemente al paso de los ejércitos, vencedores o vencidos.

Eso mismo es lo que están haciendo los diputados y, en general, los políticos sandinistas y liberales arnoldistas. Tienen vocación destructiva, instinto ciego de destrucción. Nada les importa con tal de satisfacer su insania política: unos para ver de nuevo a su caudillo como Presidente aunque sea de un país en escombros, igual o peor que como lo dejaron en 1990; y otros para vengarse de un Presidente al que culpan de haber enviado a su caudillo a la cárcel, por corrupto. Y de quien se vengan en realidad es de la nación.

Pero los organismos internacionales no deberían castigar por eso al pueblo de Nicaragua, que ya es mucho lo que sufre soportando a esos partidos —FSLN y PLC— como fuerzas mayoritarias que controlan la Asamblea Nacional, la Corte Suprema de Justicia, el Consejo Supremo Electoral, la Contraloría, la Fiscalía, etc. Ellos son los culpables del incumplimiento del programa económico y a ellos, por lo tanto, deberían cobrarles la cuenta.

La comunidad internacional que ha sido extraordinariamente solidaria con Nicaragua y que ha visto con estupor e indignación cómo gran parte de la ayuda externa ha ido a parar a los bolsillos de los políticos corruptos —tanto de izquierda y de derecha—, debería ingeniárselas para no confundir a los políticos perversos y dañinos con el resto de la población.

Alguna manera tiene que haber para que la población trabajadora y honrada de Nicaragua no sufra las consecuencias del incumplimiento con el FMI por culpa de los políticos sandinistas y liberales arnoldistas. Es cuestión de tener imaginación y agallas para encontrar esa solución.

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