Bangui

Bangui, capital de la República Centroafricana. LA PRENSA/ARCHIVO

República Centroafricana: la trampa geográfica donde EE.UU. está mandando a los migrantes

Tres nicaragüenses aterrizaron el 28 de agosto en la República Centroafricana, en un vuelo desde Estados Unidos. Cuando descubrieron su destino sintieron terror. Esta es la historia del lugar del que ahora quieren salir.

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Cuando Kenis López González preguntó adónde lo llevaban, ya estaba en la pista, esposado de cintura, pies y manos, frente a un avión del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas estadounidense.

La respuesta le sonó a sentencia: “Vas a África Central”. Ninguno de los tres nicaragüenses en ese vuelo, entre ellos Luis Mendoza y un tercero en anonimato, sabía nada del país que los esperaba catorce horas más tarde.

Ahora ya lo conocen. Y el desconcierto de los primeros días se ha convertido en algo más específico al conocer el sitio que ahora habitan: terror y desesperación.

No es para menos: en Bangui la electricidad y el agua se cortan cada cuatro o cinco horas, hay nubes de mosquitos y malaria y se impone toque de queda todas las noches.

Hay gente armada en las calles y a los extranjeros les advierten que allí pueden asaltarlos, secuestrarlos y matarlos.

El ejército centroafricano combate regularmente a bandas y guerrillas en todo el país. LA PRENSA/ARCHIVO.

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Cuando Mendoza habló con LA PRENSA lucía tenso y profundamente preocupado. “Queremos salir de aquí”, dijo varias veces.

Para explicar sus temores conviene empezar a mirar Google Maps y escribir “República Centroafricana”.

La explicación más breve de la búsqueda es la de país pobre y violento, del que ni siquiera sus propios ciudadanos logran salir.

Miles de centroafricanos viven en campos de desplazados por los constantes combates y embates de guerrillas y bandas delincuenciales. LA PRENSA/ARCHIVO.

Una trampa inmensa

La República Centroafricana ocupa unos 623.000 kilómetros cuadrados, casi cinco veces la superficie de Nicaragua (130,374 kilómetros).

Con apenas 6,4 millones de habitantes, es uno de los países africanos menos poblado.

La República Centroafricana tiene dos lenguas oficiales: el sango y el francés.

El sango lo habla cerca del 90% de la población. Es la lengua que une a más de ochenta grupos étnicos y el idioma de la calle y la vida cotidiana.

El francés, por su parte, lo habla alrededor del 30%. Es la lengua del Estado, los tribunales, la educación formal y los negocios.

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Lo hablan usualmente quienes pasaron por el sistema escolar, en un país donde la escolaridad media adulta es de cuatro años.

El país no tiene costa y tampoco puerto. Todo lo que llega, cruza por carretera desde el puerto camerunés de Duala, a más de 1.400 kilómetros, por una ruta que figura entre las más peligrosas del continente: bloqueos, puestos de control ilegales, artefactos explosivos improvisados.

Sus vecinos son Camerún (Oeste), Chad (Norte), Sudán (Noreste), Sudán del Sur (Este), la República Democrática del Congo y la República del Congo (Sur). Dos de ellos están en guerra.

La guerra civil sudanesa ha empujado una oleada de refugiados hacia el norte centroafricano, desestabilizando una región que ya era la más aislada del país.

Y la red vial interna es difícil de recorrer, según datos del Banco Mundial y de Naciones Unidas: unos 25.600 kilómetros, de los cuales solo 893 están asfaltados.

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Lejos de todo

De Bangui, la capital de RCA, al punto europeo más cercano por vía aérea (Lisboa), hay entre 4.300 y 4.500 kilómetros de vuelo continuo, después de atravesar medio continente.

Los vuelos internacionales regulares son escasos, por las alertas y prohibiciones de viaje de la mayoría de los países de Europa, Asia y América.

Para embarcar en cualquiera de ellos hacia Occidente hace falta pasaporte, visado, exámenes médicos y vacunas, solvencia económica demostrable y billete de retorno.

Ninguno de los tres nicaragüenses tiene pasaporte. Tampoco documentos ni tarjetas de crédito y bienes de valor. Lo perdieron todo al ser detenidos y deportados por ICE.

La mayoría de países europeos, asiáticos y Estados Unidos recomiendan a sus ciudadanos no viajar a la República Centroafricana. LA PRENSA/ARCHIVO.

Difícil de escapar

La República Centroafricana es uno de los países más difíciles del que se pueda migrar legal o irregularmente a Europa, dicen las mismas autoridades de Acnur asentadas en Bagui.

Más de 728.000 centroafricanos son refugiados, según cifras de la Organización Internacional de Migrantes y Acnur.

¿Dónde están? El 91% de la diáspora nacional vive en apenas tres países  fronterizos: República Democrática del Congo acoge a unos 368.000, Camerún a 336.000 y Chad a 115.000.

Cientos de centroafricanos mueren cada año en sus intentos por cruzar las fronteras, ya sea por asesinatos de bandas armadas, asaltantes de caminos, minas terrestres, en fuego cruzado o víctimas de animales salvajes, ríos desbordados y otros peligros de las selvas africanas.

La migración centroafricana hacia Europa existe, pero es marginal, según cifras de Bruselas.

Los centroafricanos no aparecen entre las principales nacionalidades en las estadísticas de la Unión Europea, a diferencia de argelinos, marroquíes, malienses, gambianos o senegaleses que poseen salida al océano Atlántico o el Mediterráneo.

Cerca de 800,000 centroafricanos viven refugiados en los países vecinos, huyendo de la guerra. LA PRENSA/ARCHIVO.

66 años de guerra

El país se independizó de Francia en 1960. Desde entonces ha sufrido al menos 12 guerras y cinco golpes de Estado, incluido el de Jean-Bédel Bokassa, que se autoproclamó emperador en 1976 y gobernó hasta 1979.

Entre golpes de estado, masacres étnicas y guerrillas, hubo periodos breves de calma, casi siempre rotos por rebeliones en el norte y el este, donde se asientan las principales zonas mineras.

El quiebre definitivo de la paz llegó entre diciembre de 2012 y marzo de 2013.

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La coalición rebelde Séléka, de base mayoritariamente musulmana y procedente del norte, tomó Bangui y derrocó al presidente François Bozizé.

Su líder, Michel Djotodia, se proclamó presidente y perdió casi de inmediato el control de sus propias milicias, que cometieron atrocidades contra civiles cristianos.

La reacción fue la aparición de los grupos Anti-Balaka, mayoritariamente cristianos que atacaron a comunidades musulmanas.

El país se partió por religión, etnia y región en un ciclo de violencia comunitaria que dejó decenas de miles de muertos y cientos de miles de desplazados.

Las autoridades del país centroafricano no solo viven protegidas por militares nacionales, sino también por fuerzas extranjeras. LA PRENSA/ARCHIVO.

“La guerra olvidada”

Pese a que más del 80 por ciento de la población es cristiana y menos del 15 musulmán, las matanzas de cristianos en comunidades rurales han llegado a medios occidentales para describir el horror oculto en este inmenso país.

A raíz de la guerra de 2013, se desplegó en 2014 una misión militar de Naciones Unidas y Francia lanzó una operación con sus tropas para aplacar las matanzas.

Tras seis años de guerra, en 2019 se firmó un acuerdo de paz que integró a catorce grupos armados, pero muchos de ellos volvieron a las armas bajo el argumento de “promesas incumplidas” y “eliminación selectiva” del ejército oficial.

Aun se reportan combates y emboscadas en las zonas rurales y atentados en ciudades urbanas. La prensa europea llama “la guerra olvidada” a este conflicto en la República Centroafricana.

Las autoridades de seguridad de República Centroafricana recomiendan a los extranjeros evitar salir de noche a las calles de las ciudades. LA PRENSA/ARCHIVO.

Paz precaria

Tras las elecciones presidenciales de diciembre de 2025, el actual gobierno nacionalista de Faustin-Archange Touadéra mantiene la continuidad institucional en medio de una paz precaria.

Bangui y los grandes centros urbanos se mantienen relativamente estables, bajo control del ejército gubernamental y sus aliados extranjeros, con altos niveles de criminalidad común.

Fuera de las ciudades, el Estado se diluye ante grupos rebeldes y facciones activas que siguen cometiendo abusos constantes contra civiles y autoridades.

La estabilidad urbana descansa sobre fuerzas que no son centroafricanas.

Los mercenarios rusos del antiguo Grupo Wagner constituyen el principal pilar de seguridad del palacio presidencial y de los núcleos mineros de oro y diamantes, operando de forma bilateral con el gobierno.

Las tropas de Naciones Unidas y contingentes ruandeses patrullan algunas regiones del territorio, con severas restricciones presupuestarias y de movilidad.

Al menos 14 bandas, grupos y fuerzas paramilitares disputan los territorios rurales y distritos mineros de este país. LA PRENSA/ARCHIVO.

Zonas sin ley

Las estadísticas de Naciones Unidas y centros de investigación de seguridad reflejan datos de violencia correspondiente a un “país en guerra de baja intensidad”.

Solo entre febrero y octubre de 2025, la misión de Naciones Unidas registró 295 casos de violencia sexual vinculada al conflicto armado, la mayoría atribuidos al grupo 3R y también a fuerzas gubernamentales.

Los informes subrayan que el subregistro es masivo.

En septiembre de 2026 se ha reportado el secuestro de al menos treinta personas en el sureste, en la zona de Bangassou, atribuido a combatientes del Ejército de Resistencia del Señor.

La advertencia que recibieron los nicaragüenses al llegar, de no alejarse de la zona de refugio, coincide con los propios avisos de viaje de Washington a sus ciudadanos.

Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y decenas de países europeos y asiáticos mantienen para la República Centroafricana la advertencia máxima: nivel 4, no viajar.

La razón que consignan es que nadie puede garantizar la vida ni la seguridad de un extranjero allí.

República Centroafricana es una de las más pobres del mundo, según Naciones Unidas. LA PRENSA/ARCHIVO.

Nicaragua tan lejos

La distancia entre Nicaragua y República Centroafricana es de más de 12.000 kilómetros intercontinentales.

Nicaragua y República Centroafricana figuran entre los tres más pobre de sus continentes, pero hay diferencias notables entre uno y otro país.

Por ejemplo: la esperanza de vida de un nicaragüense al nacer, según la Organización Mundial de Salud, es de 75,4 años. La vida de un centroafricano no supera los 58 años.

La diferencia es de casi dieciocho años de vida.

La República Centroafricana ocupa el puesto 191 de 193 en el Índice de Desarrollo Humano, con 0,414. Solo Somalia y Sudán del Sur están por detrás.

Nicaragua figuraba en 2025 en la posición 123, solo por encima de Honduras y Haití.

Fuerzas de paz de Naciones Unidas y ejércitos vecinos ayudan al gobierno centroafricano a sostener la paz. LA PRENSA/ARCHIVO.

Diamantes de sangre

Este país africano tiene diamantes, oro, uranio, petróleo y madera.

Pero, según el Fondo Monetario Internacional, solo alrededor del 2,7% de los ingresos mineros llega al Tesoro nacional.

El resto financia milicias, se queda en inversionistas internacionales o sale del país por rutas de corrupción y contrabando.

Parte de la guerra que persiste y la resistencia de los bandos armados a deponer las armas se debe al control de zonas mineras, donde “los llamados diamantes de sangre” financiaron buena parte de los grupos armados y clanes.

De acuerdo con datos del Instituto Español de Estudios Estratégicos, la explotación de oro y diamante sigue siendo uno de los motores del control territorial rebelde.

 Y también una de las razones por las que fuerzas extranjeras custodian ciertas zonas mineras.

En 2025 se firmó un acuerdo de paz que duró poco tiempo, pues muchas bandas retornaron a la violencia. LA PRENSA/ARCHIVO.

El precio de un país

La dependencia del país de la ayuda externa es, probablemente, la llave que abrió la puerta que ahora recibe a los deportados, según indagaciones de CNN en el terreno.

Entre julio de 2025 y agosto de 2026 se documentaron al menos 31 vuelos confirmados de traslado del ICE hacia doce países africanos, con 42 entregas registradas, según el seguimiento de Human Rights First.

La República Centroafricana recibió tres vuelos entre el 12 de junio y el 28 de agosto, con al menos 55 deportados en tres vuelos confirmados.

El grupo de derechos migrantes, Third Country Deportation Watch contabiliza más de 23.000 personas enviadas a unos 35 países desde EE. UU.

Los acuerdos se instrumentan mediante convenios bilaterales o «notas verbales» que no detallan las contrapartidas, pero las cifras que han trascendido explican por qué los países africanos reciben vuelos desde EE. UU.

La República Centroafricana recibió 85 millones este año de Washington, la cifra más alta conocida, según documentación a la que accedió el español diario El País.

El producto interno bruto centroafricano ronda los 2.600 millones de dólares. El pago estadounidense equivale a más del 3% de toda la economía nacional.

Otro mundo

Las indagaciones de la prensa europea destacan que los acuerdos entre Washington y África incluyen garantías diplomáticas básicas: los países receptores se comprometen a no perseguir ni torturar a los deportados y a no reenviarlos a lugares donde puedan sufrir daño.

Además, deben recibir el apoyo oficial para insertarse a la sociedad, permisos de trabajo, acceso a salud y documentos de identidad.

Organizaciones que litigan estos casos sostienen que, en la práctica, esas garantías no se están cumpliendo, y advierten del riesgo de “devolución en cadena”.

En algunos países, incluso, los deportados pasan a régimen de cárcel y no se les otorga asistencia jurídica para insertarse a los nuevos países.

El migrante nicaragüense López tenía un “estado de protección contra deportaciones” concedido por una jueza estadounidense el 13 de agosto de 2024, que impedía a Estados Unidos devolverlo a su patria. Sin embargo, eso no impidió su traslado a África y nadie garantiza que desde allá no sea “retornado” a su país de origen: Nicar

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