Roberto Ferrey [email protected]
Siendo el Fondo Monetario Internacional (FMI) la llave para la normalización del flujo de un gran porcentaje de los créditos y donaciones de la comunidad internacional, es conveniente y necesario referir alguna información sobre tal organismo financiero internacional.
Tanto el FMI como el Banco Mundial se originaron en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Finanzas y Régimen Monetario, celebrada en la localidad de Bretton Woods, Estado de New Hampshire, Estados Unidos, en julio de 1944, como elementos centrales al esfuerzo para financiar la reconstrucción de Europa que había sido devastada durante la II Guerra Mundial.
Al Banco Mundial originalmente se le denominó Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo. Al FMI le correspondió la tarea más crítica, pues fue especialmente encargado para asegurar la estabilidad económica mundial. El economista inglés John Maynard Keynes fue el eje ideológico del nuevo organismo mundial a base de un planteamiento sencillo: las políticas gubernamentales deben ayudar a estimular la demanda agregada; en casos de que las políticas monetarias fuesen insuficientes, los gobiernos podrían apoyarse en políticas fiscales, ya sea aumentando los gastos (inversiones) o reduciendo los impuestos.
El FMI fue así encargado de evitar una nueva depresión económica, similar a la sufrida en 1930. El FMI vino a ser la respuesta colectiva, al nivel mundial, para mantener la estabilidad económica de todos los países.
El FMI se constituyó como una institución pública de crédito, de carácter global financiada con fondos provenientes de los contribuyentes de todo el mundo, incluida Nicaragua. Por medio de un complicado sistema de votación las decisiones del FMI se han centralizado en los países con mayor poder económico, al momento de su creación; y sólo un país tiene poder de veto efectivo sobre sus resoluciones: EE.UU.
Así el FMI no responde a todos los países que lo financian. Además su relación oficial con cada Estado se realiza solamente por medio del ministro de Finanzas (Hacienda) y el presidente del Banco Central (de igual modo los créditos se formalizan con el mismo Banco Central, no con el Ejecutivo).
El FMI fue creado sobre los principios de: i) el mercado usualmente no funciona correctamente y ii) que es necesario presionar a los países para adoptar políticas económicas expansionistas; tales como; incrementar la inversión pública; reducir impuestos o reducir las tasas de interés para estimular la economía.
Sin embargo, el FMI, actualmente ha instituido al mercado como un ser supremo y, además, condiciona su asistencia a medidas como reducir déficit fiscales; aumentar impuestos o elevar las tasas de interés, lo que normalmente lleva a una contracción de la economía.
Estas posiciones se acentuaron a partir de 1980, con los gobiernos de Ronald Reagan en Estados Unidos y Margaret Tatcher en Inglaterra. Tanto el FMI como el BM se convirtieron en misioneros del libre mercado y las medidas restrictivas; las cuales se han venido imponiendo a los países pobres que necesitan desesperadamente sus préstamos y donaciones.
A partir de 1980 el BM ya no sólo hacía préstamos para desarrollar proyectos con el objetivo de superar la pobreza; sino que asumió el rol de aportar un apoyo más amplio, por medio de los “Préstamos de Ajuste Estructural” (ESAF). Esto siempre y cuando el FMI diese su aprobación. Lo que implicaba que el país, a su vez, había ya cumplido con los condicionamientos establecidos por el FMI para el país en cuestión.
Este nuevo “modus operandi” surgió del llamado “Consenso de Washington”, por el cual se adoptó una serie de medidas “correctas” a ser aplicadas a todos los países en vía de desarrollo, especialmente los de América Latina.
El Consenso de Washington se ha venido implementando por el FMI, el Banco Mundial y la Secretaría del Tesoro de Estados Unidos (que sería el Ministerio de Hacienda norteamericano).
El FMI asegura que sus condicionalidades no son impuestas, sino voluntariamente aceptadas; pero, en realidad, los gobiernos que recurren al FMI normalmente se encuentran en situación desesperada y dispuestos a obtener ayuda a “cualquier precio”.
El autor es director INESP.