Un mérito compartido, pero…

El año 2002 fue glorioso para el periodismo libre de Nicaragua, porque los grandes éxitos de la lucha contra la corrupción y los corruptos se debieron ante todo a los medios de comunicación social independientes, y a los periodistas.

En realidad, de no haber sido por la denuncia sistemática de la corrupción que hicieron los medios de comunicación social independientes desde cuando Arnoldo Alemán estaba en el poder; si los periodistas de investigación no hubiesen acopiado y documentado las evidencias y pruebas de las fechorías cometidas por los principales políticos corruptos; y si la sociedad civil no hubiera demandado persistentemente que se llevara a los tribunales a quienes robaron el pan, la medicina y el empleo de los pobres, lo más probable es que el gran latrocinio del gobierno anterior hubiera quedado impune.

Los políticos corruptos, lo mismo que sus protectores espirituales y sus portavoces oficiosos, se rasgaron las vestiduras durante este año con el clamor de que la lucha contra la corrupción impedía al nuevo gobierno atender los verdaderos problemas nacionales, tales como facilitar la inversión privada y pública, impulsar el crecimiento económico, expandir el empleo atender la educación, la salud y la seguridad pública.

Inclusive algunos periodistas independientes cayeron en la trampa de creer y pregonar que se hacía mal con publicar tantas denuncias de corrupción, y decían que era mejor dejar eso, para que todos pudiéramos dedicarnos a las tareas de desarrollar la economía nacional.

Pero desde los tiempos bíblicos se sabe que no es correcto ni inteligente echar el vino nuevo en el odre viejo; que no se debe vaciar agua en un recipiente agujereado porque se escapa y pierde el líquido; que es necesario asear la casa antes de amoblarla para poder vivir en ella de manera decente. Y, por lo tanto, que no se puede construir una nueva Nicaragua próspera y decente si antes no se lucha a fondo contra la corrupción ni se lleva ante los jueces a los corruptos.

La corrupción, sobre todo la política y gubernamental, forma parte junto con el narcotráfico y el terrorismo del trío siniestro de los grandes flagelos que sufre la humanidad contemporánea. Y es también uno de los principales obstáculos que impiden o frenan el crecimiento económico, el desarrollo cultural, el progreso social, la lucha por la reducción de la pobreza y la recuperación de la moralidad pública y la dignidad humana.

Y como la corrupción es una desviación de la conducta humana, la lucha contra ella no termina con el enjuiciamiento y encarcelamiento de capos como Arnoldo Alemán, sino que hay que seguirla librando de manera sostenida y permanente.

Pero también al presidente Enrique Bolaños le corresponde un merecido mérito por el resonante éxito que tuvo este año la lucha contra la corrupción. Ciertamente, Bolaños ha cumplido la promesa y el compromiso que asumió con la nación el 10 de enero de este año, cuando comenzó su gestión presidencial, de que lucharía sin tregua contra la corrupción independientemente de qué cabezas cayeran y rodaran en el camino.

Bolaños logró expulsar de la Presidencia de la Asamblea Nacional al ex presidente Arnoldo Alemán, y después pudo, aunque con grandes dificultades, sumar los votos necesarios para privarlo de su inmunidad y someterlo a la justicia; hasta verlo encarcelado, aunque sólo sea de manera formal, pues gracias a una discrecional y turbia decisión de una jueza sandinista que no tiene facultad legal para proteger con encarcelamiento domiciliar a Alemán, lo dejó disfrutando las comodidades de su residencia y burlándose de la población.

Pero a pesar de eso es mucho lo que se logró en el 2002, y éste pudo haber sido el año de Bolaños, si hubiera acompañado su lucha contra la corrupción y los corruptos con la renuncia a la pensión vitalicia de ex Vicepresidente de la República, y si hubiese reducido los megasueldos que devengan él y sus ministros, los cuales, aunque legales —como también se legalizó la piñata sandinista— son una ofensa a los nicaragüenses que en su mayoría sufren el rigor de la extrema pobreza.

Y a lo mejor sólo por eso Bolaños no podrá cumplir su aspiración de pasar a la historia como el mejor presidente que ha tenido Nicaragua.  

Editorial
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