Eduardo Enrí[email protected]
Se siente en el ambiente, la mayoría de los nicaragüenses están satisfechos con las recientes decisiones judiciales en contra de políticos señalados por corrupción.
Pareciera que todo el año ha sido de aciertos para el Poder Judicial, comenzando con el Caso Canal 6, después Byron Jerez y obviamente concluyendo con los casos de los diputados Arnoldo Alemán y Fernando Avellán.
Pero cuidado. No dejemos que nos confunda la euforia por ver procesadas a personas que aprovecharon el poder para enriquecerse; o a un pistolero disfrazado de diputado, que hizo alarde de prepotencia disparando sin pensar entre una multitud, donde nunca debió haberse encontrado si tan sólo hubiera respetado los desvíos instalados por la Policía.
Lo triste es que debajo de esas sentencias los jueces siguen rehenes de los caprichos de quienes ostentan el Poder, sea político o económico.
Ahora pensamos que todo está bien porque el gobierno se ha empeñado en echar presos a los peces gordos de la corrupción. La ciudadanía lo aplaude; pero analicemos caso por caso y nos daremos cuenta que la historia ésa de que la Justicia es ciega y que todos somos iguales ante ella es todavía pura habladuría.
Comencemos por el caso Canal 6. Si no fuera por Alemán, a estas alturas nadie estaría preso por ese caso. ¿Alemán solito defraudó? ¡Absurdo!
Y sigamos con Alemán, las jueces han hecho lo imposible por mantenerlo bajo arresto domiciliar, una figura que debía ser considerada sólo por enfermedad o vejez del reo, y sólo después de ser solicitada por los abogados defensores. Pero no. Ellas decidieron que tenía que quedarse en su casa, y hasta han ido a inspeccionar la hacienda El Chile para ver adónde acomodan al señor. No han pensado trasladarlo a Tipitapa.
La juez Ileana Pérez llegó al punto de decir que había que considerarlo por ser ex presidente. ¡Pues si precisamente por eso es que hay que aplicarle toda la Ley, porque el mismo juramento que hizo cuando tomó el cargo se lo advirtió!
Ya no digamos Jerez, que por una supuesta dolencia lleva casi un mes en un hotel — digo hospital— con una lista de 40 personas que pueden llegar a verlo cuando quieran y con lo que quieran. Eso se va a poner alegrísimo el 31.
Y para colmo, el caso Avellán. Este hombre debe tener un récord Guiness. Pasó de villano a héroe y de nuevo a villano en cuestión de semanas. Su caso como pistolero estuvo en el olvido mientras era el diputado 47, pero pasó a tener auto de prisión cuando dejó de serlo. Si la justicia funcionara al margen de las negociaciones, Avellán debió caer preso el día que renunció a su inmunidad.
Aquí no ha habido cambios de fondo. Todo sigue negociándose. La diferencia es que ahora es en “Palacio” entre el caudillo dueño de la Corte y el Presidente, según la conveniencia. ¿Y si deja de ser conveniente echar presos a los corruptos?
Esto seguirá mientras no se reforme todo el Poder Judicial. Y eso no se hace dándole a los jueces batas negras y mazos para que se parezcan a sus homólogos que salen en las películas gringas. ¡Si sólo les falta la peluca para parecer británicos!
Sin una verdadera reforma la Justicia nunca va a ser ciega, seguirá teniendo una visión 20/20 y actuando como francotirador, con la democracia y el desarrollo en la mira.