Ruth Cuadra de Fuentes*
“Cantaban los ángeles anunciando el nacimiento del Niño Jesús”, así se los cantaba Sor María a sus niños pobres, cada Navidad procuraba darles alegría y felicidad con juguetes, ropa, dulces. El 25 de diciembre enviaba a sus misioneritas de dos en dos a los suburbios y barrios y ella se quedaba en la Capilla rezando, contemplando al niñito colocado en las pajas, como los pobres para que en todo les fuera bien y así pasaba año con año.
Desde el 13 de diciembre todos los premios tenían que estar preparados para el 24. Día a día se amontonaba la ropa para las oratorianas, pero, para los muchachos faltaba todo y aún más de la mitad de los juguetes: Sor María pensaba en los trajes, en el hambre (quizás sólo pan y melcocha), y, en alegrar a aquellas criaturas sedientas de alegría, teniendo siempre tan poca, mediante los regalos propios de Navidad: muñecas, trencitos, monitos, pelotas, pitos, etc…
Las catequistas pasaban las tardes y noches preparando paquetes. ¡Veamos!, Sor María, ¿qué falta?
– Tenemos 300 vestidos, 800 delantalitos, un gran número de bolsitos y mucha ropa interior, para las niñas. Falta más de la mitad de los juegos y todo el resto, para los muchachos. Urgen enseguida 800 colones.
– ¡Si fuera todo cómo decirlo!
– Por la mañana del 14 de diciembre llegó una señora con una limosnita (25 colones). Poco después una cooperadora y ofreció 50 colones. Para ser breves, antes de la noche se habían reunido ya los 800 colones. Y, corrieron a comprar la ropa para los muchachos: pantalones, camisas, pañuelos. ¿Y los juegos? Faltaban al menos, 100 colones.
– Sor María le dijo a una hermana: “¿No podría usted, por caridad, acompañarme a hacer unas compras? Con mucho gusto, le contestó, “y fue a pedir a la directora el permiso para salir con Sor Romero. Pero, volvió corriendo:
– “Tome, la hermana directora le manda decir que el Niño Dios se lo envía como aguinaldo de Navidad”.
– Desenvuelven el envoltorio. Y, encuentran ¡600 colones!
– ¿No estoy soñando? Se preguntaba Sor María.
En este momento llega la directora:
–“¿Usted me los da de veras hermana directora?”.
– ¡Son para usted!
– ¡Gracias, gracias!…
– Pero… ¿qué? ¿Necesita todavía más?…
– “Sí, la Virgen se olvidó que lo que necesitamos son mil…”
– ¿Ha abierto la cajita en donde tiene las limosnas?
– No, no me he acordado.
– Abra.
Estaban allí, “¡justamente cuatrocientos colones!”.
Fueron por la mañana, a comprar los juegos. Es inútil proseguir. Dijo Sor María: “La Virgen sigue mandando al instante con exactitud matemática cuando se necesita”.
Hoy nos ha nacido nuestro Salvador, no puede haber lugar para la tristeza cuando acaba de nacer la vida, la misma que acaba con el temor y nos infunde la alegría de la eternidad prometida.
Cantamos con júbilo en estos días de Navidad porque el amor está entre nosotros hasta el fin de los tiempos. La presencia del Niño en el amor en medio de los hombres, quien busca amor sabe dónde encontrarlo. Y es de amor de lo que esencialmente anda necesitando cada hombre; también aquellos que pretenden estar satisfechos de todo.
Sor María nos dice que lo que más agradecería la Virgen es un alma más entregada, más limpia, más alegre porque es consciente de su filiación divina, mejor dispuesta a una confesión que tal vez Dios lleva esperando hace tiempo.
¡Meditemos en lo que dice Sor María y nos daremos cuenta la felicidad y paz que uno siente al estar cerca del Señor amándolo mucho!
* La autora es miembro de la Asociación Sor María Romero.