Mi carta al Niño Dios en esta Navidad

Violeta Reyes de Padilla

Noche de paz. Noche clara y llena de estrellas. Un inmenso silencio reina en todo, hay en la belleza de la noche un presentimiento de milagros como si Dios nos visitara. La medianoche se acerca, se presiente la llegada de una nueva vida. Es que Dios va a visitar la tierra: es una noche de amor.

El Dios Niño baja a la tierra y nadie se da cuenta, buena parte del mundo está dormido y seguirá durmiendo, no quiere reconocer al que ha venido a revolucionar el mundo, al que quiere cambiar a las mujeres y hombres, que viene a enseñarles un camino, pero hoy como hace 2,000 años no queremos saber nada de Dios, queremos seguir nuestros caminos apegados a las cosas, dormir en las cosas y por las cosas. El mundo se ha vuelto materialista, prescinde de Dios y se hacen “diocecillos”.

Vemos luces y numerosos ángeles suben y bajan anunciando a los pastores el nacimiento del Mesías y cantan jubilosos: “Gloria a Dios en los cielos y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”.

Hoy estamos llenos de alegría, la llegada del Salvador está pronta y nos sentimos deseosos de recibirlo en nuestros corazones. Hay muchos que conocen su venida y no quieren dormir, quieren que Jesús venga a morar en sus corazones. Los que quieren recibirlo se han dado cuenta que Jesús trae amor y viene a iluminar nuestras vidas y a darle sentido.

Tú, Dios Niño nos amas tanto que te hiciste hombre anonadándote en el vientre de tu madre Santísima, tomando su propia carne para formar tu cuerpo humano. Naciste dentro de una familia verdaderamente constituida ante la ley: una mujer fue tu madre, la Virgen María, y un hombre casto fue tu padre protector en la tierra: San José. Ellos te recibieron con gran amor como todo niño debe ser recibido. La familia es el único lugar donde el ser humano es amado por ser hijo, es donde los padres aman desinteresadamente y prodigan cuidos, enseñan y proveen pan, buscan el bienestar físico y espiritual de los hijos.

En estos tiempos en que la familia tiene tantos enemigos que quieren destruirla, te pido Divino Niño que haya conciencia de que en el amor de la familia se encuentra la fortaleza para ser mujeres y hombres de bien. Haz que amemos la familia, que vivamos en familia, que protejamos la familia. Jesús Niño protege a nuestras familias.

Niño Dios tú te has dado cuenta de la situación de pobreza en que se encuentra Nicaragua, no hay trabajo, los precios internacionales de nuestros productos han bajado mucho, sobre todo la corrupción no ha permitido que la salud y la enseñanza lleguen a la gente que vive en indigencia. Parecía que no había solución, pero ahora un sol claro ilumina a Nicaragua, se ha actuado con conciencia recta, que prefiere el bien de la Patria al bien propio.

Gracias Señor Jesús, y gracias a tu Madre Santísima, hoy tenemos esperanzas. La ardua espera de un año ha producido su fruto, la lucha contra la corrupción nos trae un reto. Somos muchos los nicaragüenses que queremos la reconstrucción de conciencias primero y después la del país. Es la hora de salir a la luz, promovamos las inversiones y la creación de empleos, saquemos a Nicaragua de la pobreza. Es deber de todos, no podemos, ni debemos esquivarlo. Todos los nicaragüenses estamos comprometidos, todos los poderes del Estado, empresarios, banqueros, en fin, cada una y cada uno de los nicaragüenses desde el lugar que le corresponda, con verdadero espíritu de servicio, tiene que poner mucho de su parte para que Nicaragua se levante.

Niño Dios te pido que bendigas a este pueblo y nos concedas la paz y el bienestar de cada una y de cada uno de sus habitantes.  

Editorial
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