En defensa de los derechos de la niñez

John Greensmith*

Hace 13 años, la Convención de los Derechos del Niño se convirtió en la Convención más ampliamente ratificada en la historia de las Naciones Unidas. Plan, junto con otras agencias enfocadas en la niñez, respaldó su desarrollo que consolidó los derechos humanos de los niños y las niñas en una herramienta legal única. Define claramente cada uno de los derechos universales del niño.

Expresado simplemente, garantiza a cada niño el derecho a la alimentación, la salud, un techo, una educación decente y una vida sin peligro, abusos ni explotación. Aún así, se registran más de 10 millones niños muertos cada año (la mayoría son muertes prevenibles), 100 millones no asisten a clases y 150 millones sufren de desnutrición.

Frecuentemente, los adultos decidenlo que es mejor para ellos, sin imaginarlos como participantes activos en la planificación. Asegurar su participación en el proceso del desarrollo, de conformidad con sus edades y habilidades, proporciona dos excelentes beneficios.

El primero parece obvio, los niños de hoy son los líderes del mañana. Entonces ¿por qué no proporcionarles la capacitación y oportunidades que les permitan convertir en líderes capaces de contribuir responsablemente cuando llegue su turno? Es de la participación en la toma de decisiones y el debate donde aprenden las implicaciones de las decisiones tomadas. Tales habilidades no aparecen por arte de magia cuando un niño alcanza la adultez; son gradualmente desarrolladas.

El segundo tiene un impacto significativo e inmediato, los niños ofrecen un punto de vista diferente. Su participación en las decisiones cambia el enfoque de programas de desarrollo. Plan tiene experiencia reciente: Durante años hemos respondido a la necesidad de un techo en los países en desarrollo. Después del huracán que azotó a Nicaragua en 1998, incluimos a los niños en nuestra consulta de las comunidades afectadas. Destacaron el hacinamiento y sus consecuencias; en la discusión de alternativas, salió la propuesta de dividir espacios aun cuando el espacio total fuera el mismo. ¿Por qué? Paredes adicionales proporcionarían para ellos espacio y protección contra la violencia doméstica y, al mismo tiempo, una oportunidad de privacidad y un lugar tranquilo para estudiar y jugar. Los padres estuvieron de acuerdo. Aprendimos una lección sobre lo que hacemos y por qué lo hacemos.

Darles voz y participación no necesariamente conduce a la rebelión en el hogar. Puede brindar aportes en cómo abordar las necesidades inmediatas mientras preparamos los niños para su futuro rol en el mundo. Hay quienes argumentan que esta participación no es aceptable en todas las culturas. Yo rrgumento que el principio es válido globalmente, solamente es cuestión de practicarlo en formas culturalmente apropiadas. Hay buenos ejemplos en Nicaragua: Niños con programas radiales, jóvenes que participan en comisiones municipales y otros que aconsejan sus compañeros sobre la salud reproductiva.

¿Cómo incorporar el punto de vista de los niños a través de su participación en las decisiones que afectan sus vidas a todos los niveles sociales: la familia, la comunidad, la organización, las políticas gubernamentales? Escuchar constituye el inicio, pero la aceptación de la responsabilidad de actuar sobre lo que escuchamos.

Desde hace 13 años, aceptamos que los derechos humanos de los niños son tan importantes como los derechos de los adultos. En la vida humana, 13 años marcan la transición de la niñez a la adolescencia, aquellos “años difíciles” cuando los jóvenes comienzan a poner en práctica las ideas e independencia que han desarrollado desde su nacimiento. El movimiento a favor de los derechos de los niños también pasa por esta etapa; falta por llegar a su madurez.

En mayo 2002, representantes gubernamentales se reunieron con niños representantes en la Sesión Especial de la Niñez de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Los niños dieron a sus gobiernos un claro mensaje, honren lo que firmaron cumpliendo con sus promesas. El reto que enfrentan los padres, legisladores o personal de ONG, es aceptar esta responsabilidad y compromiso.

Todavía hay mucho que aprender de ellos. Espero que los líderes gubernamentales que asistieron y que se comprometieron con el cambio también estén listos para aprender escuchando a los niños regularmente, no sólo cada década. El aniversario de la firma de la Convención de los Derechos del Niño sirve de perfecto recordatorio. ¿De qué otra manera se podrían hacer cambios positivos para los niños?

* El autor es director Ejecutivo Internacional de Plan, organización dedicada a la niñez, que trabaja en 45 países en desarrollo.  

Editorial
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