El enemigo de la humanidad

Según las declaraciones que ofreció el jueves de esta semana el Secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, en enero o a más tardar en febrero, Estados Unidos y sus aliados podrían atacar al régimen de Sadam Hussein.

Y sin dudas que ahora, a diferencia de lo que ocurrió cuando la guerra del Golfo de 1991, los aliados llevarían el ataque hasta derrocar a Hussein y facilitar el establecimiento de un gobierno de transición democrática.

La verdad es que hay mucha molestia en Washington, Londres y las Naciones Unidas, con el informe del gobierno de Hussein sobre los arsenales iraquíes y su ubicación, pues resulta obvio que oculta los principales, o sea los de las armas de extermino masivo. Hussein ha pretendido engañar una vez más a la comunidad internacional y podría haber perdido su última oportunidad.

En efecto, si Hussein no cumple en las próximas semanas las condiciones que le puso la ONU por medio de la Resolución 14-41, la segunda guerra del Golfo será inevitable y esta vez para poner fin al régimen de Bagdag, del mismo modo que se aplastó al de los talibanes de Afganistán que apoyaron y protegieron a la banda super terrorista Al Qaeda, de Ossama Bin Laden.

Pese a los esfuerzos propagandísticos que los partidarios y amigos de los terroristas han hecho en todo el mundo, inclusive en Nicaragua, para presentar el conflicto en Irak como una agresión imperialista contra el pueblo iraquí a fin de apoderarse de sus reservas petrolíferas, está claro que la verdadera causa del conflicto es que Hussein no sólo es un verdugo del pueblo iraquí sino también una intolerable amenaza contra toda la humanidad.

Hussein ya usó las armas bacteriológicas y químicas contra su propio pueblo, y las ha proporcionado a bandas internacionales de terroristas. En marzo de 1988, Hussein desató una ofensiva militar de tres días en el norte de Irak, y más de 5 mil kurdos iraquíes fueron exterminados por las nubes de gases venenosos que usaron los militares del dictador asesino de Bagdag. Decenas de miles de opositores iraquíes han sido asesinados por los esbirros de la dictadura husseinita desde que el partido Baat Socialista tomó el poder en 1968, y sobre todo a partir del 22 de julio de 1979, cuando en medio de una orgía sangrienta Sadam Hussein impuso su poder personal absoluto sobre el mismo partido y el Consejo Revolucionario de Irak.

En la actualidad, según datos del Centro para Estudios Estratégicos e Internacional, el régimen de Hussein posee y mantiene bien ocultos, terroríficos armamentos biológicos: 85 mil litros de Antrax, que es una bacteria que provoca fiebre, parálisis respiratoria y muerte inevitable; 380 mil litros de Botulínica, una toxina que nubla la visión, dificulta tragar, provoca parálisis y la muerte por paro respiratorio en apenas un día; 2,200 litros de Aflatoxina, que causa hemorragias, cáncer de hígado y muerte; y Gangrena Gaseosa, que es una infección bacteriana que produce la muerte de los tejidos humanos, insuficiencia de los riñones y casi siempre la muerte.

Además, el régimen terrorista de Bagdag posee en sus depósitos secretos de armamento químico, unas 800 toneladas de Gas Mostaza, que provoca quemaduras en la piel y en los ojos, graves daños respiratorios y cáncer; 350 toneladas de Gas Sarín, que ataca el sistema nervioso, paraliza la respiración y causa la muerte en cuestión de minutos; y una 200 toneladas de Gas VX, que es un agente neurotóxico que produce convulsiones, parálisis respiratoria y muerte.

De modo que la guerra contra el terrorismo no es contra Irak, ni contra los iraquíes o cualquier otra nacionalidad. Tampoco es contra el islamismo ni ninguna otra religión. Se trata de una guerra contra el terrorismo, que en más de un noventa por ciento de sus acciones sólo ataca a civiles indefensos en restaurantes, parques infantiles, unidades de transporte, teatros, etc.

El terrorismo es el enemigo de la humanidad y por eso la guerra para liquidarlo se debe librar en todas partes del mundo, y no puede haber tregua ni entendimiento con los terroristas. Y esto, que ya lo supieron los asesinos talibanes de Afganistán, tendrá que aprenderlo también Sadam Hussein, aunque esto sea lo último que aprenda.  

Editorial
×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí