Reconciliación e Iglesia Católica

Emma Rosales*

Quiero referirme al escrito de la señora Virginia Vigil Icaza, del 11 de diciembre, a él sin ánimo de molestar a nadie, sino más bien de aclarar algunos puntos sobre la Iglesia Católica que en estos últimos tiempos está siendo calumniada aún por personas de la misma religión que es lo más lamentable. Sin embargo, estoy consciente que si la fuerza del mal existe tiene que aprovechar a todas luces el momento que vive nuestro país,¡tan sufrido!, donde no quiere calzar la paz porque, a mi juicio, nosotros mismos la evadimos y buscamos la discordia como el único método “tan arcaico” para la solución de problemas.

Llamarse católico no es solamente haber estudiado en colegios católicos desde la más temprana edad, aprenderse perfectamente lo que manda la Santa Madre Iglesia, y saber el Credo de memoria. Hago mención del Credo porque ahí viene sintetizado todo de lo que el católico está convencido y acepta como individuo formado en esta fe.

El artículo (de la señora Vigil Icaza) dice en su última parte: “la Iglesia debería aplicar su ley pareja a todos sus creyentes. Y no condenar a los pecadores políticos que han desbaratado la vida de todo un pueblo”.

Esto es muy relativo si se ve sólo desde el punto de vista político y referido no sólo a la época del pasado gobierno sino a intocables de gobiernos anteriores, a los que no quiero mencionar pero que todo el mundo conoce, porque no deseo desviarme del tema propuesto que es orgullosamente mi Iglesia, mi fe que estoy segura encontraré eco en la mayoría de los nicaragüenses que comparten conmigo lo mismo. La reconciliación es el único camino para lograr la paz.

Creo que los que hablamos del tema de reconciliación hablamos directamente de la infinita misericordia de Dios de la cual no había entendido en mis colegios católicos, universidades, familia (todo esto es la antesala correcta) pero llega un momento en la vida de cada uno, que su misericordia se hace más clara, donde descubres que sin Dios no hay ni bien ni mal, sino sólo existe una valoración ética subjetiva, expuesta a miopías y es donde se hace presente tu Iglesia porque por ella entra, repito, en un momento de tu vida no importa cuál, no importa si es por un sacerdote, obispo “bueno o malo” como es costumbre juzgar, eso no importa porque sólo Dios pude decidirlo pero el objetivo, la inmensa paz interior fue lograda a través de la bendición de ese hombre; ¿no es eso lo importante, lo inmensamente primordial?

Yo hago un llamado a este pueblo que retome conciencia del pecado. Solamente cuando uno se ubica frente a Dios en silencio descubre, con dolor el haberle ofendido.

El remordimiento nos liga al error, el arrepentimiento nos libera. Esto sólo se puede lograr primero reflexionando que se equivoca quien se convierte en juez destructor de su iglesia que lo vio nacer, y de sus obispos. Simplemente por estar mal dirigidos como cristianos, por haberse convertido en católicos tibios, la espera y asechanza de hermanos separados los convencen fácilmente. Segundo, pidiendo iluminación al Espíritu Santo para saber qué hacer el día de hoy que abrirá el mañana.

Tercero, rezando el Santo Rosario que es el arma más poderosa que existe. La Iglesia Católica no puede estar equivocada simplemente porque el Credo la mantiene en pie.

* La autora es psicóloga  

Editorial
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