Michael Healy, el empresariado y la pifia política

Una vez logrado el cambio político, los vigores guardados y repatriados del pueblo pujante nicaragüense sacarán a la nación adelante. Esa era una de las grandes esperanzas de Healy, la cual ahora debe ser desenfundada con más brillo y más conciencia de parte de este gremio.

La oposición interna de catacumbas

Diálogo diplomático. Iniciativa esta que puede cuajar o no. Eso dependerá de cada conciencia ciudadana que esté o no de acuerdo con ella. Habrá que ver también una señal del empresariado al respecto… Nicaragua bien vale una misa, también su paz y su libertad.

Las malas mañas de la Seguridad del Estado cubana

En la isla podrán amordazar a fuerza de represión institucional, pero en el exterior, donde se vive y se respira en libertad, sus acciones matonescas son de juzgado de guardia. La impunidad no siempre vale.

Sentarse con el diablo

Si ya la opción armada queda descartada, si no existe una oposición política, salvo un par de excepciones… si las negociaciones son para el bien del país, siendo limpias y transparentes es necesario sentarse hasta con el Diablo a dialogar, pues hay que hacerlo.

A propósito de remesas

Los nicaragüenses les debemos mucho a nuestra diáspora. La pregunta es ¿cómo repagarles? Mi sugerencia, basado en conversaciones que he tenido con nicaragüenses en el exterior, es concederles el derecho al voto.

El verdadero reto de la diáspora

Aquí viene el siguiente paso elemental: la organización de la diáspora nicaragüense. Ahora hay muchos líderes desde la popularidad, la intelectualidad, la experiencia y la juventud para organizar un bloque de nicaragüenses con la capacidad de reaccionar como uno solo ante las necesidades del país

Las expectativas de la oposición nicaragüense

Es prácticamente imposible unir a personas y grupos que tienen diversos intereses, visiones políticas y apegos ideológicos. Lo que se ha podido lograr no es
la unidad, sino la alianza de partidos…

Nuevos partidos contra el «fascio» comunismo

Salir de las narco dictaduras del Socialismo del Siglo XXI, ese disparate chavista que ni el propio Fidel Castro abrazó, no está siendo fácil, pero no estructurar desde ahora una agenda política contra estas, prolongará más la difícil situación contra el «fascio» comunismo.

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