A propósito de remesas

Recientemente ha habido mucho interés en las remesas, a como se le dice al apoyo financiero que le brindan parientes y amistades que emigraron a otros países a nicaragüenses que viven en nuestra patria. Las remesas tienen décadas de existir, pero han cobrado más importancia en la medida que el flujo de estas ha ido aumentando y sobre todo ahora cuando el comportamiento de nuestra economía ha sido volátil y que los flujos de los donantes tradicionales de Nicaragua han ido mermando por el creciente aislamiento del gobierno.  

En este ensayo analizo la evolución de las remesas y el impacto que tienen  en nuestra economía y en el bienestar de nuestra población. Es decir, pongo las remesas en nuestro contexto nacional  

Abro con una breve reseña histórica. Primero, siempre han emigrado nicaragüenses a otros países por razones políticas y/o económicas. Ocurrió, por ejemplo, durante la “Gran Depresión’’ de los años treinta del siglo pasado. Hubo otra ola de emigración a raíz de la caída de la dictadura de Somoza y durante la “Guerra Contra” en los años ochenta del siglo XX. Segundo, hasta hace poco Costa Rica era la “válvula de escape” para la mayoría de nuestros emigrantes mientras que los del “Triángulo del Norte” —a como los norteamericanos llaman a El Salvador, Guatemala y Honduras— optaron por buscar su futuro en Estados Unidos. Y, tercero, el número de nicaragüense que emigró en el pasado queda muy por debajo de los que están saliendo recientemente. Más específicamente, en los últimos cinco años ha habido una “explosión” en nuestra emigración. Se estima que el número de nuestros emigrantes ha superado medio millón de personas, y que esta cifra sigue creciendo. Aunque una parte de nuestros emigrantes siguen viajando hacia el sur —a Costa Rica y, ahora, también a Panamá— una gran parte de esta explosión migratoria tiene como destino los Estados Unidos, de donde provienen el 80 por ciento de las remesas que Nicaragua recibe. 

  Cuán grande es nuestra diáspora es difícil de precisar porque la mayoría de nuestros emigrantes no pasan por trámites oficiales ni de salida de Nicaragua ni de entrada a su destino. Su emigración es “irregular”. Sin embargo, datos publicados por la “Migra” —el apodo que los inmigrantes latinoamericanos le han dado al Servicio de Migración de Estados Unidos— nos dan una idea de la magnitud de esta hégira.  Según estos datos, en tan solo 2022 el número de nicaragüenses detenidos intentando cruzar la frontera sur estadounidense ilegalmente alcanzó 217,000. Y  ¡ojo! esta cifra no incluye a nuestros compatriotas que lograron cruzar ilegal pero exitosamente la frontera “por vereda” ni a aquellos que entraron legalmente.

Los nicaragüenses de la diáspora tienen la fama de ser trabajadores incansables y responsables. La mayoría, al menos durante el inicio de su exilio, suelen integrarse  al “sector informal’’ en donde no son protegidos por las leyes laborales norteamericanas como las que fijan salarios mínimos y horas máximas de trabajo. Y muchos tienen dos y hasta tres empleos. También son extraordinariamente generosos tomando en cuenta el alto costo de la vida en la Unión Americana y sus salarios relativamente bajos. 

Prueba de esta generosidad es el monto de remesas que ellos —y, sí, ellas— les envían a sus seres queridos en Nicaragua. El año pasado, por ejemplo, se calcula que estas alcanzaron US$3.6 mil millones. Esta cifra es enorme, igual al 20 por ciento del tamaño de nuestra economía. Es más, fue dos veces más elevada que nuestra importación de petróleo el año pasado y del déficit en nuestro comercio internacional debido a que nuestras importaciones exceden a nuestras exportaciones. Las remesas han sido tan determinantes que Fitch Rating, una firma estadounidense que valora el clima de inversiones de países, atribuyó la ligera mejoría que le dieron a nuestra calificación hace unos días en gran parte a las remesas. Sin ellas y un manejo macroeconómico prudente por el equipo económico del Gobierno, Nicaragua jamás hubiera alcanzado el 4 por ciento de crecimiento que logró en 2022.   

Las remesas no solo son una abstracta estadística económica. Tienen una poderosa dimensión humana. Benefician a decenas de miles de familias nicaragüenses que las utilizan para cubrir sus necesidades básicas como vivienda, alimentos, luz y agua, educación y salud. Y lo hacen en todo nuestro territorio, no solo en Managua.  Esto me lo recordó un compañero de cárcel en el Chipote al comentarme que Camoapa, de donde era él, se estaba transformando gracias a las remesas que reciben los camoapeños. 

Los nicaragüenses les debemos mucho a nuestra diáspora. La pregunta es ¿cómo repagarles?  Mi sugerencia, basado en conversaciones que he tenido con nicaragüenses en el exterior, es concederles el derecho al voto. Esto ya lo hacen muchos países del mundo, incluyendo 18 latinoamericanos. Además sugiero que la diáspora tenga una representación en la Asamblea Nacional a como, de vuelta, lo tienen países Iberoamericanos como Colombia, Perú y la República Dominicana. Ambas medidas serían un reconocimiento estatal que complementaría al agradecimiento que reciben nuestros “exiliados económicos” de sus seres queridos que son directamente beneficiados por sus generosas remesas. 

El autor fue canciller de la República y diputado. Es historiador.  

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