Se debería animar a Almagro a apoyar la agenda para la democratización de Nicaragua planteada en el Diálogo Nacional, sin dejar de criticarlo por sus exabruptos inexplicables.
Se debería animar a Almagro a apoyar la agenda para la democratización de Nicaragua planteada en el Diálogo Nacional, sin dejar de criticarlo por sus exabruptos inexplicables.
El proceso de democratización respetando los procedimientos constitucionales, se podría abrir con facilidad si Daniel Ortega tuviera voluntad de aceptarlo
Lo que pretende el régimen es apagar el fuego de la lucha de los estudiantes y la ciudadanía que demanda justicia, castigo a los asesinos y la democratización del país
Esto es lamentable, sin duda, porque en la crisis de gobernabilidad y la acrecida lucha por la democratización de Nicaragua
La democratización se puede impulsar por la vía constitucional y eso es lo que se busca en el diálogo, para que lo sepan el señor Almagro y sus representantes que andan en Nicaragua negociando con el Gobierno.
El informe preliminar de la CIDH es tan contundente e inobjetable, que los representantes del régimen orteguista en el diálogo nacional votaron por su aprobación, aunque solo fuese como una obvia maniobra política.
En realidad, la razón, fortaleza y garantía del diálogo es la gente movilizada en la calle. Pero hay que dar un voto de confianza a los negociadores.
Pero el paraíso orteguista era falso y no resistió la prueba de la historia. Los estudiantes y el pueblo alzados a la lucha por la recuperación de la dignidad nacional, la libertad y la democracia, lo han hecho estallar en pedazos.
La misión de la CIDH estará en Nicaragua cuatro días, menos de la semana promedio que tarda en esta clase de investigaciones
Ortega no vive en la realidad. Ni siquiera anunció, como ha sido la exigencia de los obispos y la sociedad, que iba a retirar de las calles las fuerzas de represión policial y disolver las fuerzas de choque asesinas