Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Mi hija Ximena cayó repentinamente enferma de gravedad y la posibilidad de que no pudiera salir con viva de ello activó un miedo que desbordó todo lo que yo había sentido hasta entonces
Al despertar el día, por curiosidad, diaria rutina, buscamos los periódicos y leemos sucesos conmovedores, tragedias, motines y rebeliones, informes frescos de un mundo desquiciado. Pareciera que todos los demonios saltan por doquier con alegría por tantas maldades y desgracias que nublan nuestras conciencias, inundaciones, violaciones, secuestros, balaceras y un largo etcétera.
Querida Nicaragua: Siempre recuerdo una conversación que tuve con el poeta Pablo Antonio Cuadra. Eran los primeros meses de la “revolución popular sandinista” y se veían los primeros actos injustos. Se comenzó a criticar a “ soto vocce ” el paredón silencioso que funcionaba, los asesinatos de la Pólvora de Granada, la prepotencia, el abuso, las confiscaciones, los discursos altisonantes en contra de lo que llamaban “imperialismo norteamericano”.
Ningún mes del año supera a julio en revoluciones. Mundialmente encabezan la lista la Americana del 4 de Julio de 1776 y la Francesa del 14 de Julio de 1789. En Nicaragua lo hacen la Revolución Liberal zelayista, del 11 de Julio de 1893, y la sandinista del 19 de Julio de 1979. En América Latina la Revolución Cubana celebra su día el 26 de julio.
La relectura del excelente libro de Carlos Fuentes, Valiente Mundo Nuevo , cuya primera edición es del año de 1990, me lleva a reflexionar de nuevo sobre el tema de la cultura y la política en América Latina. En su libro Carlos Fuentes expresa que “la continuidad de la cultura contrasta dramáticamente con la fragmentación de la política del continente. La crisis que vivimos es, en parte, resultado de nuestros fracasos políticos. Pero ha revelado, también, el vigor de la continuidad cultural a pesar de ellos. Ambos hechos nos proponen crear modelos de desarrollo que no estén reñidos con la continuidad cultural sino que, basados en ella, le den sentido y posibilidad a la continuidad política”.
Había oído decir que, cuando estás grave de salud —grave de muerte— la conciencia te acerca a lo que verdaderamente crees. Es como un mecanismo de defensa frente a lo ignoto. Acabo de pasar una experiencia similar. Pensé en muchas cosas importantes Mi familia, mi trabajo, mi sensación de ser fiel a mis creencias Y pensé en ¡el Canal ! ¿Por qué? Porque creo que estamos a punto de permitir que se cometa la mayor estupidez histórica del país. No voy a ahondar en los porqué de esa posible desgracia, sino en algo que le pedí a Dios a cambio: Que nos ayude a hacer un Canal diferente y curativo. Un apotegma; porque sí necesitamos este otro Canal.
Néstor es en la mitología griega el símbolo de la sabia ancianidad. O de la ancianidad sabia, si damos crédito al viejo dicho popular de que el diablo sabe más por viejo que por sabio, lo cual se puede entender como que el mejor maestro es el tiempo y la mejor maestra, la experiencia.
Todos los negocios conducen a La Familia. Bueno, la verdad, no es difícil seguir la pista pues van dejando señales por todas partes. Sociedades creadas a la carrera en cualquier parte del mundo —de maletín pues— registradas apuradamente en Nicaragua y, a los días, el Estado adjudicándoles un contrato que haría relamerse los bigotes al capitalista más salvaje, y, como señal inequívoca, socios que no pueden dar su nombre. Paradójicamente esconderse los hace más visibles. Meten la cabeza, pero dejan el trasero al descubierto, porque vemos a todo el Estado tratando de cubrirlos. Así qué, ahí donde usted lea “socios que no estoy autorizado a revelar” léase por favor: Ortega Murillo y Compañía Limitada, por supuesto.
La sociedad nicaragüense en general debería tener una verdadera seguridad ciudadana y jurídica que garantice la tranquilidad de los ciudadanos. Que no haya temor de ningún tipo: ni sufrir daños físicos ni perder sus bienes por fechorías institucionalizadas.
Querida Nicaragua: Había una vez un pobre hombre en permanentes dificultades. Tenía su oficio de zapatero, tenía mujer y dos hijos. Era muy pobre pero le gustaba darse sus gustitos como ir al cine de su barrio, echarse sus traguitos, y trabajar no más de seis horas al día, pues decía, como en la canción, que “el trabajo lo hizo Dios como castigo”. Tenía su televisor pequeño, su radio, una bicicleta, en fin, vivía, endeudado pero vivía. Su trabajo era remendar zapatos y se ayudaba con su máquina de zapatería.
Muchos propietarios de farmacias nicaragüenses están nerviosos. Es entendible; Kielsa, la cadena farmacéutica más exitosa de Honduras, comienza a establecerse en Nicaragua y esto significa más competencia. La economía libre no es un sistema apacible. Quien hace negocios en ella está sometido a una tensión permanente. Yo puedo tener un restaurante próspero, pero nadie impide que un rival ponga a mi lado otro y me quite clientela. Tengo pues, como empresario, que vivir en guardia; esmerándome siempre en mejorar, innovar y adelantarme a mis adversarios. No es fácil. Es una guerra donde solo triunfan los más creativos y esforzados.