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Negocios de Familia
Todos los negocios conducen a La Familia. Bueno, la verdad, no es difícil seguir la pista pues van dejando señales por todas partes. Sociedades creadas a la carrera en cualquier parte del mundo —de maletín pues— registradas apuradamente en Nicaragua y, a los días, el Estado adjudicándoles un contrato que haría relamerse los bigotes al capitalista más salvaje, y, como señal inequívoca, socios que no pueden dar su nombre. Paradójicamente esconderse los hace más visibles. Meten la cabeza, pero dejan el trasero al descubierto, porque vemos a todo el Estado tratando de cubrirlos. Así qué, ahí donde usted lea “socios que no estoy autorizado a revelar” léase por favor: Ortega Murillo y Compañía Limitada, por supuesto.
Bautizos serviles
Durante el gobierno de Arnoldo Alemán, a algún funcionario se le ocurrió la servil idea de bautizar como “Arnoldo Alemán Sandoval” (padre del entonces presidente) uno de los centros de educación de Inatec. Lo dije en esta misma columna: Es una torpeza poner nombres a espacios públicos por servilismo, porque por hacer un bonito se termina haciendo un feo. Los nombres que se ponen por servilismo no duran mucho, terminan tan pronto se les acaba a ellos el poder de quitar y poner nombres para vergüenza de los homenajeados, que a lo mejor ni culpa tienen en ello.
Testaferros
Se acuerdan de los primeros testaferros de Ortega. Eran empleados menores, choferes, leguleyos de barrio pobre y escoltas, que de repente aparecían como socios en empresas millonarias que se lucraban descaradamente del Estado. Pues ahora el tipo de testaferro está cambiando y los traen de España, Rusia, China o Panamá. Pasaron de lo nacional a lo importado. Los presentan como grandes inversionistas y todos tienen el mismo comportamiento: no contestan preguntas de medios que no sean oficialistas, no se les conoce experiencia alguna en la actividad que “están invirtiendo” y son misteriosos. El giro de negocio está cambiando, diríamos en argot empresarial.
Cambia nombres
Eso de ir por la historia cambiándole los nombres a los espacios públicos me parece una mezquindad suprema. Si es feo que alguien ponga nombres por servilismo a monumentos o espacios públicos que ellos inauguran, peor resulta cuando cambian los nombres a espacios donde hay un consenso histórico, y son parte de la memoria de nación que se supone que somos. ¿Qué sentido tiene que un parque bañado con la sangre de Pedro Joaquín Chamorro ahora deje de llamarse con su nombre y se le bautice como “Parque del Alba”? ¿Cómo podría justificarse ante la historia que una rotonda deje de llamarse Rubén Darío para ser bautizada como Hugo Chávez? Por mucha veneración que le guarde la Familia al caudillo venezolano, en cien años Chávez apenas será una referencia histórica, mientras Rubén Darío seguirá siendo sin duda uno de los grandes de la literatura mundial. Y, sobre todo, seguirá siendo nuestro Rubén Darío.
Soga al cuello
Los negocios de la Familia tienen que ver con nosotros porque son una “patente de corso” para sacarnos del bolsillo la mayor cantidad de dinero posible con todas las ventajas que el Estado les da, pero tienen que ver también y principalmente con los empresarios, que inexplicablemente han asumido una actitud acomodaticia, dando gracias porque les permitan todavía respirar, sin darse cuenta que la soga al cuello va socando cada vez más, y es bastante probable que cuando ya no puedan respirar, tampoco puedan hablar como debieron hacerlo mientras tenían aire, es decir, ahora.
19 de julio
Entonces, ¿qué celebramos este 19 de julio? Ni la revolución ni la caída de Somoza. Cuando oigan la música, las consignas, vean las tarimas multicolores y las plazas llenas, se estará celebrando que todos los negocios conducen a la Familia, que la historia ha muerto y se ha empezado a escribir una nueva historia a gusto y antojo de la Familia y que Nicaragua dejo de ser una país para ser “su” finca por los siglos de los siglos. Tal como pensaba (o tal vez más demente) Somoza en su momento. Para suerte nuestra, la historia se burla cruelmente de estos delirios de grandeza. Siempre ha sido así.
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