Había oído decir que, cuando estás grave de salud —grave de muerte— la conciencia te acerca a lo que verdaderamente crees. Es como un mecanismo de defensa frente a lo ignoto. Acabo de pasar una experiencia similar. Pensé en muchas cosas importantes Mi familia, mi trabajo, mi sensación de ser fiel a mis creencias Y pensé en ¡el Canal ! ¿Por qué? Porque creo que estamos a punto de permitir que se cometa la mayor estupidez histórica del país. No voy a ahondar en los porqué de esa posible desgracia, sino en algo que le pedí a Dios a cambio: Que nos ayude a hacer un Canal diferente y curativo. Un apotegma; porque sí necesitamos este otro Canal.
Este Canal no tiene que ver con el que la mafia chapiolla nos está metiendo con una manada de mafiosos chinos. El Canal que yo pedí a mi Dios no va a secar el Gran Lago, ni va a herir más nuestras bellas montañas y pelados cerros; en él no se usarán fondos “socialistas” de la ubérrima Venezuela que solo más corrupción han traído, menos de los EE. UU., ni de los europeos, ni de los chinos. No. Deben ser recursos nuestros ¿Nuestros?
El Canal que necesitamos con urgencia es el canal de la decencia. Construido con elementos de la ética y de la moral que, por ser elementos ya raros en este ambiente, deberemos pedir con amor al gran Dios, convencer a los níveos espíritus del Topos Uranus y del Apeirón. Por lo pronto, mi canal soñado necesita de la participación y honestidad de cien nicaragüenses —hombres y mujeres— que provean el material ético, moral con el que se van a levantar los muros y paredes por los que, justiciera e indetenible, la corriente del canal discurra con honesta liquidez. Y su licuoso y poderoso torrente, lleno de sabiduría, no será agua simple. ¡No! Fluirá un gas-esencia de conciencia social y personal. Y su capacidad ética correrá por el cauce y subirá por cerros y bajará guindos. Y se meterá a las ciudades, pueblos y por debajo de las puertas, como en una nueva, contradictoria y benefactora versión opuesta a la corrupción que llena nuestros espacios. Ocupará salas, oficinas de corruptos, ministerios, casas de lujo. Y no habrá quién escape de respirar ese solícito gas-conciencia. Y el mágico gas invadirá los suelos, heredades, casas, bienes, conciencias de todos.
Los buenos y los honestos respirarán con gran gusto ese gas-conciencia que purificará aún más sus pulmones, pero, será irrespirable para aquellos malos ciudadanos, profesionales, rectores, decanos, ministros, magistrados, jueces, abogados diputados sinvergüenzas, pastores y sacerdotes, que, faltos de honestidad en sus corazones, buscarán el auxilio, imposible ya, de las buenas acciones. No morirían vivirían en una putrefacta existencia!
Madres y padres maléficos se ahogarán en ese gas-conciencia. Falsos líderes sindicales vendidos al poder, periodistas que, de un día para otro, al canto inequívoco de las lapas verdes, han doblado la cerviz cantando a lo sucio. Familiares de héroes —Sandino y Fonseca a la cabeza— que han prostituido su recuerdo Todos tendrán dificultades para respirar. Y, si no se arrepienten de verdad ante Dios y la Patria, morirán ahogados en el olor fétido de su propia corrupción.
De nada servirán las obesas cuentas bancarias al solo contacto de ese gas-conciencia, se transformarán ellas mismas en más gas-conciencia. ¡Nada escapará de ser cubierto por ese gas bendito!
Y, quienes más sufrirán serán aquellos que habiendo sido buenos y esperanza para la Patria, hoy son escoria. Y, entre ellos recordé decenas de muchachos que fueron ejemplo de sacrificio en los ochenta, entre ellos a un brioso líder de la Escuela Normal de Managua, brillante, joven promesa para la Nicaragua que él deseaba, lleno del poder del bien; cómo él corría riesgos y aventuras en favor de lo que él deseaba. Hoy, contrario a sus antiguos empujes, lo vemos convertido en una marioneta de uno de los más grandes léperos del país. No sé si tiene mansiones en Costa Rica como su gran maestro, pero ¡quien con gordos se acuesta!
¡Necesitamos cien nicas buenos! Inicié una lista, me faltan veinte ¿Se apunta usted? Es muy posible que yo no alcance en esta sacra lista que aportará el gas-conciencia. Pero ¿será posible que no hayan cien? solo cien buenos hijos de Nicaragua ¿que no tengamos cien nicas buenos?
Dios mío ¿Por qué tardas? El autor es Maestro.
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