Función de gala
Los circos de mi propia infancia eran pobres de solemnidad, y la luz que los ilumina en mi memoria no deja de ser mortecina.
Los circos de mi propia infancia eran pobres de solemnidad, y la luz que los ilumina en mi memoria no deja de ser mortecina.
Martín ha sido un periodista que ha recorrido mundo, presente en el lugar de los hechos, porque si no se es testigo presencial, de guerras, éxodos, hambrunas, no se puede voltear de revés la realidad y verle las costuras; testigo fiel del horror y la maravilla, sabiendo que se es infiel a la verdad sólo cuando se imagina como novelista, una infidelidad legítima…
Si alguien puede cambiar de fechas las Navidades, detener las erupciones volcánicas, y trastocar las horas, ¿por qué no va a poder realizar el milagro más humilde de impedir que un pariente cercano y querido vaya a parar, extraditado, a una cárcel de Estados Unidos?
La distancia del exilio realza la memoria de los antepasados. Y en esas sombras trasluce la figura de mi bisabuelo materno Francisco Gutiérrez. Es un gigante descalzo de barba encrespada, que sopla una concha marina al alcanzar la ronda de Masatepe para anunciar su llegada, detrás la recua de mulas cargadas de zurrones de cal. […]
Agatón Tinoco cumplió un destino oscuro, del que ya no llegaremos a saber mucho más, perdido en algún lugar del Estado Libre del Congo inventado por Leopoldo II para explotar en su beneficio personal caucho, diamantes, marfil, responsable de la muerte de ocho millones de congoleños, y de mutilaciones, torturas y otras vejaciones.
Los conspiracionistas forman una amplia gama ideológica en la que militan con rabioso entusiasmo homófobos, antifeministas, xenófobos, antinmigrantes, racistas, lo cual da peso y sustancia a la extravagancia de sus fantasías, que hacen palidecer las historietas de mi infancia.