Fiel en la tentación
A Jesús se le presentó la oportunidad de callar con sus milagros a sus mismos enemigos (Mc. 15, 29-32); pero prefirió la fidelidad a su Padre y a sus hermanos, los hombres, antes que caer en esa tentación.
A Jesús se le presentó la oportunidad de callar con sus milagros a sus mismos enemigos (Mc. 15, 29-32); pero prefirió la fidelidad a su Padre y a sus hermanos, los hombres, antes que caer en esa tentación.
Hoy vivimos en un mundo en el que todos pretendemos ser maestros (lo sabemos todo), todos nos creemos en el derecho de ser jueces de los demás, todos hemos provocado la devaluación de la palabra.
La sociedad en la que vivimos no puede entender el amor porque no lo vive, pues la sociedad no educa para el amor sino para la violencia, para la agresividad, para la venganza, para el ojo por ojo.
Pero hay que tener cuidado para no leer las Bienaventuranzas en clave moralista, pues expresan más bien lo que hace Dios, que a nosotros nos puede parecer imposible.
Por bien del hombre, de todo hombre, el Hijo de Dios se vistió de nuestra propia carne, se hizo carne con nuestra carne, hombre como cualquiera de los hombres de este mundo.
Hoy se suele hablar mucho de la crisis de autoridad. Cuando hablamos de tantos problemas como estamos sufriendo todos, solemos terminar diciendo: “¡Es que no hay autoridad!”