Exministro de Educación en Nicaragua durante el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro. Escritor e historiador. Permanece en el exilio desde 2021, en Estados Unidos, tras una orden de captura en su contra. Fue desnacionalizado por el régimen orteguista en 2023.
Una buena sugerencia que exige hurgar nuestra historia. Al hacerlo podemos comenzar identificando uno de los problemas que más han dañado al país; el sectarismo; la adhesión fanática a un partido caracterizada por la intransigencia y la intolerancia.
Sandino nunca pensó integrarse a la vida cívica ni entregar sus armas. Más bien aspiraba a crear un ejército liberador de Centroamérica. Su empecinamiento influyó mucho en su encontronazo letal con el estado mayor de la GN.
Sacasa primero, y Somoza después, politizaron al ejército purgándolo de conservadores y abriendo las puertas a la dictadura. Se abría así otro nuevo capítulo de la historia nicaragüense en que sería el lastre de su cultura política, sectaria y autoritaria…
La geopolítica explica, además, el interés de Estados Unidos por evitar la crónica inestabilidad de Nicaragua, la cual constituía una invitación a que poderes extranjeros se aprovecharan de la brecha.
Lo que planteaba Sandino era un conflicto irreconciliable entre él y la GN. Ante sus presiones Sacasa, débil de carácter, le concedió reestructurar a la GN y nombrar comandante de la zona norte al general sandinista Horacio Portocarrero.
Sandino nunca fue un demócrata. Su personalidad y mesianismo lo hacían un hombre con vocación totalitaria. Quería extirpar de la faz de la tierra a todos los conservadores y no ocultaba su odio y deseos de muerte hacia sus enemigos.