Cuando se “jodió” la democracia

El cambio presidencial en Venezuela dispuesto por Trump, entre gallos y medianoche, parecía algo insuperable. Sin embargo ¿qué me dicen lo que está pasando en Brasil? El jefe del partido que fue ganador en las elecciones generales del 4 de octubre, pero que no pudo vencer en el balotaje al presidente en ejercicio, iba a ser apresado después del acto electoral, el que, dicho sea al paso, fue “prorrogado” atendiendo denuncia del presidente y candidato a la reelección. El flamante “reo”, líder con mayoría asegurada en el parlamento, tuvo el dato, no entregó pasaportes y huyó hacia el norte en vuelo con dos “escalas técnicas” en países del sur y con asilo, o algo así, asegurado por orden o deseo del presidente de los EE. UU. En Miami fue recibido por su hermano quien a su vez es requerido por la justicia del país persecutor donde, además, está preso el padre de ambos. Ni Gabriel García Márquez hubiera imaginado una trama de este tipo, creo.

Y falta mucho por ver e imaginar. ¿Qué va a hacer el presidente de EE. UU.? En lo suyo es imprevisible. Y ¿qué hará el reelecto presidente ante los efectos de sus “desarreglos” de las últimas semanas que le permitieron ganar? (plata y beneficios a mano abierta). ¿Cómo hará para cumplir? No tiene ni la chance de acusar al gobierno anterior pues él era su titular. Por otro lado, ¿cómo va a hacer para parar la fuga de capitales que asusta hasta a los que miran de afuera?

Y parafraseando a Mario Vargas Llosa, otro grande, cabría hoy la interrogante sobre cuándo fue el momento en que se jodió la democracia; cuándo fue que se jodió el sistema democrático republicano.

Yo tengo una teoría: la democracia se jodió o empezó a deteriorarse el 26 de setiembre de 1960, cuando el primer debate televisado de la historia entre Richard Nixon y John Kennedy. Ese día la apariencia, el estar “producido”, los brillos y las cuentas de colores primaron por sobre el contenido. Un mes y medio después los ciudadanos de la entonces mayor democracia del planeta eligieron a su presidente por la pinta, por su look. Sin detenerse en lo que cada uno proponía; se dejaron impactar por un Kennedy bronceado y maquillado, de traje azul oscuro y camisa celeste que le ganó desde el arranque a un Nixon pálido y sin maquillaje, con sombra de barba, sudoroso, con camisa blanca y traje gris claro.

Lo más triste es que Nixon “ganó” entre quienes siguieron y oyeron el debate por radio.

Ese día comenzó el show, el espectáculo, el maquillaje, el glamour, los expertos y la manipulación y los debates pasaron a ser una instancia obligatoria e imprescindible y una especie de certificado de “elección democrática”. Y como el show debe seguir luego vinieron los balotajes: más debates y más cosmética, más insultos, menos contenidos, manipulación casi total. Y eso era antes, imaginen lo que es hoy con los “avances” tecnológicos. Cada vez el “soberano” sabe menos acerca de a quién elige y de por qué lo elige. Es lo que explica, por otra parte, la existencia y la presencia de tantos de esos señores que pueblan el firmamento y ocupan asientos presidenciales y que solo coinciden entre sí en su odio contra de la libertad de expresión y el derecho de la gente a saber.

¿Cómo hubiera titulado su hipotética novela Gabo? “De republiquetas bananeras y otras pestes”. No lo veo, pienso que optaría por: “En este planeta va a pasar algo”.

Y va a pasar. Ojalá sea pronto. Para no quedarme con la curiosidad.

El autor es periodista uruguayo.

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